Aclaraciones necesarias frente al plebiscito constitucional

Joaquín Muñoz López | Sección: Política, Sociedad

Estamos frente a una disyuntiva como pocas veces se ha visto: optar entre la actual Constitución y la que se nos propone. Esta disyuntiva tiene dos aristas, a saber, una política y otra jurídica. Para abordar esta última, están los juristas y, para abordar la primera, está el soberano, es decir, la ciudadanía. Lamentablemente, no todos los ciudadanos pueden hacerlo con propiedad, más aún, cuando ha habido tanta desprolijidad en los procesos. De partida, se ha hablado de “este segundo proceso”, en circunstancias de que es el tercero, sí, el tercero. Debemos recordar que el primer proceso fue durante Bachelet 2, una estructura de Cabildos ciudadanos que murió de muerte natural. Considerando el tipo de participantes en estos procesos constitucionales, es lógico que reine la ambigüedad, ambigüedad en los textos escritos y en los análisis políticos, que no necesariamente son acertados ni ajustados a la verdad.

La verdadera pugna se está dando al interior de la oposición: están los que apoyan el “a favor” y los que apoyan el “en contra”. A estos últimos se les ha criticado por “ir de la mano del Partido Comunista”. Todo esto merece ser aclarado. Desgraciadamente, el PC está haciendo una buena pasada, está capitalizando lo que ha sembrado; ningún resultado le es del todo desfavorable. Siempre ha querido cambiar la actual Constitución por una izquierdista, lo que está consiguiendo en gran parte al poner e imponer esta agenda constitucional, porque la propuesta presentada da grandes espacios a la izquierda, debido a su apego a los “doce bordes”; y porque la Constitución vigente se está empezando a ver como algo superado. Sin duda, apenas pueda iniciará un nuevo proceso constitucional para derribar esta “Constitución tambaleante”.

Un argumento dado en apoyo del a favor es que, de ganar el en contra, se iniciaría un nuevo proceso, es decir, “si usted quiere que esto se termine, vote a favor”. Falso, porque por ahora la izquierda no tiene los votos en el Congreso, salvo que Chile Vamos se los dé, cosa muy factible. De ganar el a favor, esto no terminaría, ya que sería necesario adaptar a la nueva Constitución todas las normas legales necesarias, crear diez organismo estatales, tramitar treinta leyes que mandaría el actual Gobierno, etc. Esto podría durar unos diez años, diez años de incertidumbre y abandono de las urgencias sociales.

Otro argumento es que de ganar el en contra, el PC saldría inmediatamente a exigir un nuevo proceso, con las consabidas consecuencias de destrucción. Bueno, eso no es así, porque el PC también saldría a la calle si gana el a favor, y peor aún, saldría más veces, ya que tendría muchos motivos para presionar al Congreso y al Gobierno cada vez que se trate algo que le interese.

También se dice que el proyecto de nueva Constitución aleja al país del izquierdismo. Nuevamente nos encontramos con una premisa falsa porque, sin duda, Chile Vamos cederá en algunas materias al echar a andar la nueva Constitución. No hay ningún antecedente de peso que diga lo contrario, además, están los bordes, que aseguraron algunos guiños a la izquierda. Hay algo peor aún: una Constitución hecha a la rápida tiene muchas contradicciones o redacciones ambiguas, las que deberá dirimir el Tribunal Constitucional, hoy controlado por la izquierda.

Se ha acusado de traidores a los partidarios del en contra que son de derecha. Bajo la lógica simple y simplista de “yo no voto igual que los comunistas”, se les ha dicho que estarían votando por los comunistas. La verdad es que estarían votando con los comunistas, lo que no es lo mismo. Además, este argumento es para la risa, ya que fue Chile Vamos quien posibilitó esta peligrosa situación. Primero, dio los votos para bajar los quórums de las reformas constitucionales; segundo, entregó la Constitución en un acuerdo ilegítimo porque se sustentó en la violencia; tercero, desconoció el resultado del plebiscito de salida y el artículo 142 de la Constitución vigente, bajo el argumento de que “debían evitarle una nueva derrota al Gobierno”; cuarto, acordó un proceso ilegítimo que incluía los célebres doce bordes, los que contaron con el apoyo de toda la izquierda, se negociaron a puertas cerradas y sin actas ni grabaciones, y quinto, en innumerables ocasiones, prefirió conversar con la izquierda antes de hacerlo con el Partido Republicano, cuando éste defendía la actual Constitución. ¿Quién vota por los comunistas? Parece que Chile Vamos ha apoyado más a los zurdos que los opositores que apoyan el en contra. “Para hablar y comer pescado hay que tener mucho cuidado”.

Finalmente, resucitó el gran responsable de que estemos al borde del precipicio. Sí, Sebastián Piñera ha vuelto a la política –en realidad, nunca estuvo ausente–. Él está detrás de las zigzagueantes actuaciones de Chile Vamos y del proceso en sí. Aquí podríamos usar la lógica de “yo no voto igual que Sebastián Piñera”, considerando que él entregó la Constitución y que ha destruido a la derecha.

Con estas aclaraciones, estimado lector, sólo queda leer el texto propuesto y votar en conciencia, pensando en qué es mejor para Chile.