El test del malvavisco en la política chilena (parte V)
Joaquín Muñoz López | Sección: Historia, Política, Sociedad

Las reformas durante el Gobierno militar
El país que recibieron las FF. AA. y de Orden estaba quebrado y anquilosado, por lo tanto, necesitaba grandes reformas en una línea completamente desconocida en Chile. Apareció el neoliberalismo económico como la panacea, pero éste dio respuesta a los procesos productivos y no a los procesos humanos, lo que llevó a la injusta satanización del lucro. Ahí tenemos la poca utilidad del Tribunal de La Libre Competencia, las múltiples colusiones con sus clases de ética, los consumidores poco empoderados y, sobre todo, las malas relaciones entre los empleadores y empleados, entre otros.
La cultura económica chilena era completamente ajena al neoliberalismo; por ello, creer que con sólo mejores índices, la población apoyaría las reformas fue verdaderamente impresentable: basta con conversar con personas de a pie para escuchar comentarios, tales como, “cuando las empresas eran del Estado todo funcionaba perfecto”, “las AFP roban, el INP, no”, “las ISAPRE son para los ricos”, etc. Por su parte, los creadores y partidarios del modelo se preocuparon demasiado de la rentabilidad monetaria, dejando de lado la rentabilidad humana, expresado esto, por ejemplo, en el abandono de ciertas políticas deportivas (la Gran Posta de Chile y las Olimpiadas Estudiantiles, entre otras). Hubiese sido de gran ayuda una buena propaganda sobre las ventajas del nuevo modelo económico. Aunque moderarse un poco en la profundidad y celeridad de las reformas también hubiese servido, y bastante. No hay que olvidar que esto se trata de política, o sea, de un área muy compleja en la que participan numerosos y variados actores y factores. Nuevamente, la derecha se comió el malvavisco antes de tiempo, obviando que la principal reforma e inversión era y sigue siendo derrotar a la izquierda, lo que se logra sólo trabajando a largo plazo, o sea, sabiendo esperar.
Las crisis internacionales
El Gobierno militar debió enfrentar cuatro peligros reales de guerra: con Perú en 1975 y 1977 y con Argentina en 1978 y 1982. Sin duda, mencionar a un adversario eventual es una gran imprecisión porque, una vez declaradas las hostilidades, la guerra sería con los tres vecinos, la pesadilla de nuestra seguridad nacional, la “Hipótesis Vecinal 3” (o simplemente HV3). ¿Cuántos chilenos tienen conocimiento de esto? Muy pocos. ¿Cuántos chilenos tienen conciencia de esto? Casi ninguno. ¿Cuál sería el motivo para tan dañina situación? Simplemente, no alarmar a la población, pero se le mantuvo en la ignorancia, y, con ello, cuatro acontecimientos que pusieron en real amenaza la sobrevivencia de la Patria pasaron casi inadvertidos. La población no aprendió nada, no asimiló desde su fuero íntimo lo sucedido. Por el contrario, quienes lo asimilaron lo hicieron principalmente desde la razón. Son muchos los que dicen que eran “leseras inventadas por los milicos para desviar la atención”.
El meollo del asunto es que las elecciones se ganan también con emociones o, mejor dicho, más con emociones que con razones. La izquierda le habría dado un uso insaciable a estos hechos, tal como lo hace con los DD.HH. Nuevamente, la derecha no vio más allá de la punta de su nariz, no se proyectó… no fue capaz de esperar o de pensar en las luchas del futuro por partida doble: para ganar elecciones y para educar a la población en temas de seguridad nacional, de hecho, cada día hay más ciudadanos que consideran innecesarias a nuestras FF.AA.
En la actualidad, estamos frente a otra crisis internacional, claro que esta vez no se percibe así. Se trata de la invasión disfrazada de inmigración. Por supuesto, las FF.AA. y las policías están cumpliendo un papel fundamental, pero sólo en la medida en que las autoridades se lo permiten. La inmigración que estamos sufriendo tiene dos caras: una normal, es decir, gente que llega a un país que no es el suyo, la otra, una invasión. La gran masa de haitianos y especialmente venezolanos son una invasión. Todo lo hace pensar así. ¿Cómo los haitianos tenían dinero para pagar un pasaje en avión si sus ingresos no lo permiten? Además, llegaban saltándose el protocolo de ingreso. El caso de los venezolanos es aún más sospechoso. Después de recorrer 6.000 km. son capaces de correr a cerca de 4.000 msnm por un territorio agreste, con equipaje y niños a cuesta. Si recorrieran 20 km. diarios, se demorarían 300 días. Es increíble cuán enteros llegan ellos y su equipaje, las maletas y los coches con sus ruedas funcionando. ¿Quién los alimenta durante 300 días? No hay tal ola migratoria, sino que una invasión organizada. Esto debe hacerse entender para que la sociedad chilena actúe en defensa de sí misma, usando los medios que usaría frente a cualquier otro tipo de invasión La prensa y el Gobierno están en deuda. De forma pública, aún nadie ha hecho un seguimiento a estos supuestos inmigrantes durante su recorrido.
Cabe preguntarse por qué la derecha ha sido tan pasiva. Obviamente, se ha ceñido a su política de reaccionar demasiado tarde, no sin miedo ni intereses creados equivocadamente.
Entre la ingenuidad, cobardía e ignorancia
Se equivocan quienes, debiendo oponerse al proceso revolucionario en curso, lo apoyan por acción u omisión. Aquí encontramos a los líderes de los partidos de la “no izquierda” y a la mayoría de los grandes empresarios, especialmente los de la prensa. No están dispuestos a pagar los costos de oponerse a los deseos de la izquierda, como si eso les fuera a salir gratis y actuar distinto no tuviera beneficios. He aquí varios casos de antología de “reprobados” en el test del malvavisco.
No invierten en oponerse porque creen que la izquierda se los reconocerá, que los perdonará, pero no será así, pues, ésta se detiene cuando lo tiene todo, y todo quiere decir “todo”. Demasiada ingenuidad.
Tampoco se arman de valor para defender sus convicciones, si es que las tienen, o sus intereses, los que sí tienen. Es como si creyeran que una izquierda provocada podría ser más violenta o ambiciosa. No es así, será violenta en cuanto necesite de la violencia y su ambición terminará cuando lo tenga todo. Algo les nubla la razón. Pura cobardía.
Sin duda, no consideran que las izquierdas, una vez en el poder, barren con todo lo que pueden y “deben”. En China, los terratenientes entregaban sus tierras, pedían perdón y se les decapitaba públicamente; por supuesto, era el régimen quien se quedaba con las tierras. Lenin dijo “Los capitalistas nos venderán la soga con que los ahorcaremos”, y así fue. Si no toman en cuenta estos ejemplos debe ser porque no los conocen. Peligrosa ignorancia.
Las AFP, pendiendo de un hilo
Obviamente, las AFP cayeron en la mira de la izquierda, esa mira que nació del odio de clases pregonado por Marx y sus seguidores conscientes. Este sistema daba una solución buena y única en el mundo al problema de las jubilaciones, sustentadas en un sistema de reparto obsoleto y quebrado. Era tan original y efectivo que ha sido exportado a decenas de países, pero ¿qué pasó? Al sistema lo destruyó la izquierda.
En 1990, el presidente Aylwin bajó las compensaciones mensuales a anuales y las garantías del 5% al 1%; en 1999, el presidente Frei aumentó el promedio de rentabilidad negativa de 12 a 36 meses, facilitando que las AFP no compensen por las pérdidas; también traspasó el riesgo de pérdida a las personas con la creación de los multifondos; en 2004, el presidente Lagos traspasó del INE a la Superintendencia de Valores y Seguros la responsabilidad de calcular la expectativa de vida de los afiliados, esta la fijó en 110 años, no en 85 como el INE. Este cambio significa que las jubilaciones son la mitad de lo que deberían ser, o sea, esa persona que reclama por una jubilación de $150.000, tendría una de $300.000. Por último, la presidente Bachelet, eliminó el mecanismo que garantizaba pensiones mínimas y también el único que establecía compensaciones por pérdidas y baja rentabilidad. ¡Qué vayan a reclamarle a los zurdos!Es cuestión de analizar: todos cayeron en la trampa. Todas las medidas mencionadas benefician a las AFP, no a los cotizantes. Están tremendamente preocupados quienes apoyaron las medidas señaladas, cuidando sus intereses, lo que no es para nada incorrecto, pero hay que saber hacerlo. El lucro no es pecado. Hoy por hoy, el sistema pende de un hilo. ¿Acaso imaginaron alguna vez que habría marchas multitudinarias pidiendo el término de las AFP? Ésta fue otra maniobra zurda, trabajo a muy largo plazo. Aquí ellos no esperaron “quince minutos”, sino mucho más. Simplemente, los que fueran necesarios.




