El test del malvavisco en la política chilena (parte II)
Joaquín Muñoz López | Sección: Historia, Política, Sociedad

El mito del conservadurismo
Chile es una sociedad conservadora dependiendo de qué se entienda por conservadurismo. Si entendemos por conservadurismo, adaptar constantemente los usos y valores, claro que lo es, pues, siempre se están adaptando una buena parte de éstos para poder funcionar como sociedad, además, “lo único constante es el cambio” (Heráclito, 540 a. C. – 480 a.C.), es decir, permanentemente se “conserva el cambio”. Elocuentemente, en este análisis, hay una tendencia que se conserva. Sin embargo, si entendemos por conservadurismo, mantener el acervo cultural de la sociedad o ser tradicionalista, Chile es precisamente lo contrario. Nuestra sociedad es liberal en el mejor de los casos; muchas veces es radical. No hay que confundir conservadurismo con tradicionalismo, ni con reaccionarismo.
La facilidad con que se producen los cambios en nuestra patria es verdaderamente increíble, por ejemplo, hubo un futbolista que empezó a cantar el Himno Nacional con la mano en el pecho –por supuesto de puro pintamonos–, y ahora está mala práctica es algo generalizada; lo mismo con el femicidio, hubieron unos medios de comunicación que empezaron a hablar de este, y se legisló al respecto en sólo meses; también cabe mencionar la rapidez con que el movimiento LGTBIQ+ ha impuesto su agenda, el listado es larguísimo. Una sociedad verdaderamente tradicionalista o conservadora no sufre estos cambios con tanta facilidad. El meollo del asunto es que los ideólogos de izquierda, siempre muy eficientes, han puesto una carga negativa al término “conservador”. Sin esta maniobra, lo anterior hubiese sido imposible. Seguir las modas también es una moda.
¿Por qué actuar de esa forma? Tan simple como obvio: provocar los cambios necesarios para su causa. Al establecer como algo negativo ser conservador o tradicionalista, generan la necesidad de ser liberal o incluso radical. La trampa es simple, por ejemplo, un conservador es contrario al aborto, por ende, el aborto es bueno porque lo rechaza alguien malo, retrógrado, poco tolerante, luego se genera la aprobación social al aborto y, finalmente, la aprobación legal.Un trabajo bien pensado, bien planificado, bien logrado ante el cual nada puede hacer una “alharaca improvisada”. Hace mucho tiempo que esta fórmula se ha usado en múltiples áreas, desgraciadamente, siempre con éxito. Nuevamente trabajo a largo plazo sin un rival digno al frente.
La guerra de titanes
Todo lo anterior es historia y seguirá siéndolo por mucho tiempo más. Se trata del choque entre formas de hacer política que apuntan una a llegar al poder y otra que sólo reacciona y generalmente de forma tardía.
La derecha debe entender que al frente tiene desde Lenin a la Escuela de Fráncfort, pasando por Gramsci. Genios, verdaderos titanes de la ideologización, así lo demuestran sus logros y postulados. En la derecha, no hay ningún ideólogo de ese nivel, pero ésta puede pedir prestado a Joseph Goebbels. Básicamente, en su 5º principio, la vulgarización, la que propone que el mensaje debe ser tan simple que lo entienda el destinatario más limitado intelectualmente. Esto es de suma importancia en un país en que el 44% de la población no entiende lo que lee ni escucha, por lo tanto, también hay al debe otro alto porcentaje.
Las cuñas de uno o dos minutos de nuestros “líderes”, explicando tal o cual política no sirven de nada, por ejemplo, en vez de explicar la reforma tributaria de Bachelet 2, era mejor decir: “señor, señora, si usted se quiere comprar una casa de 50 millones, tendrá que pagar 60 millones porque la reforma será una vulgar alza de impuestos”. Nadie dejaría de entender eso. Lo mismo ocurre con la baja de los sueldos debida a la inmigración. Es improductivo explicar cómo funcionan el mercado laboral y la ley de la oferta y la demanda, lo lógico es decirle al votante: “usted trabaja por $40.000 diarios, el inmigrante, por $15.000” (sueldos de temporeros en temporada alta). Imposible de no entender. He aquí dos ejemplos de cómo usar el principio de la vulgarización.
Es conveniente mencionar las reglas con las cuales nos están atacando.
Decálogo de Lenin:
1. Corrompa a la juventud y déle libertad sexual.
2. Infiltre y después controle todos los medios de comunicación de masas.
3. Divida a la población en grupos antagónicos, incitando las discusiones sobre asuntos sociales.
4. Destruya la confianza del pueblo en sus líderes.
5. Hable siempre sobre democracia y Estado de Derecho, pero, en cuanto se presente la oportunidad, asuma el poder sin ningún escrúpulo.
6. Colabore con el vaciamiento de los dineros públicos; desacredite la imagen del país, especialmente en el exterior y provoque el pánico y el desasosiego en la población por medio de la inflación.
7. Promueva huelgas, aunque sean ilegales, en las industrias vitales del país.
8. Promueva disturbios y contribuya para que las autoridades constituidas no las repriman.
9. Contribuya a destruir los valores morales, la probidad y la creencia en las promesas de los gobernantes. Nuestros parlamentarios infiltrados en los partidos democráticos deben acusar a los no comunistas, obligándolos, so pena de exponerlos al ridículo, a votar solamente lo que sea de interés de la causa socialista.
10. Registre a todos aquellos que posean armas de fuego, para que sean confiscadas en el momento oportuno, haciendo imposible cualquier resistencia a la causa.
Decálogo para cambiar el mundo (Gramsci):
1. El Estado es apenas una trinchera avanzada tras la que se asienta la robusta cadena de fortalezas y fortines de sociedad civil.
2. La realidad está definida con palabras. Por lo tanto, el que controla las palabras controla la realidad.
3. Decir la verdad es siempre revolucionario.
4. El poder es un centauro: mitad coerción, mitad legitimidad.
5. El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos.
6. Odio a los indiferentes. Creo que vivir quiere decir tomar partido.
7. La indiferencia es el peso muerto de la historia.
8. La conquista del poder cultural es previa a la del poder político, y esto se logra mediante la acción concertada de los intelectuales llamados “orgánicos”; infiltrados en todos los medios de comunicación, expresión y universitarios.
9. Pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad.
10. El paso de la utopía a la ciencia y de la ciencia a la acción. La fundación de una clase dirigente equivale a la creación de una concepción del mundo.




