Y el PC lo consiguió
Juan Pablo Zúñiga H. | Sección: Política

Analizando la última década hasta los días de hoy, da la impresión de que la revolución cultural se encuentra en la fase de implementación y colección de sus primeros frutos en todas las estructuras de la sociedad, incluyendo las creencias más íntimas de las personas y, con ello, la noción del bien y del mal junto a la dimensión espiritual y metafísica de este.
El engaño más efectivo del demonio en los días de hoy es hacer creer a la gente de que él y el infierno no existen, consiguiendo que el individuo baje la guardia en cuanto a la percepción del mal y termine por asumir como normal todo aquello que contradice la estructura moral de la sociedad, de la ley de los hombres y, en último término, de la ley de Dios. El Partido Comunista, en su inagotable persistencia, hizo exactamente lo mismo en el mundo post era soviética y con principal énfasis en nuestro país. Nos hicieron creer durante los años 1990 y 2000 de que estaban en proceso de extinción y que su destino final sería algún anaquel del Museo de Historia Nacional. Con ello, como sociedad, no solo nos olvidamos del nivel de peligrosidad del comunismo, sino que las nuevas generaciones comenzaron a asumirlo como algo romántico y como alternativa real para nuestra nación y nuestra civilización.
El comunismo va más allá de ser un partido político, es una filosofía cuyos adeptos siguen como si fuese una religión. Nos convenció que estamos viviendo la pre-historia y que ellos son el camino -a través del socialismo- y el fin, para la construcción de un nuevo hombre y una nueva civilización. Necesitaban desmontar la estructura valórica de las nuevas generaciones y lo consiguieron. Necesitaron hacer tambalear a la Iglesia y remover el cristianismo de la mente de los ciudadanos, especialmente de los jóvenes, y lo consiguieron. Les era imprescindible zafarse de la visión de los hombres barbudos con cara iracunda y de las mujeres con los puños en alto vestidos todos de uniforme, para cambiarla por una imagen de jovencitos lozanos, informales, de ropas coloridas, al día con la tecnología, tomando un cafecito importado en la mano… Y lo consiguieron. Necesitaban que las nuevas generaciones viesen al comunismo primero con ojos ciegos y románticos, y luego con añoranza de algo loable y digno de ser abrazado, y lo consiguieron. Lo consiguieron tan bien, que los mismos que defienden los DD.HH y nuevas ideologías de género, no dudan en abrazar la hoz y el martillo que aniquiló la vida de más de 120 millones de seres humanos, incluyendo minorías sexuales, y que sigue haciéndolo hasta el día de hoy. Y, lo más importante, necesitaban capturar el estado y copar todos los espacios de la sociedad. Y casi lo han conseguido, pues aún se enfrentan a su eterna piedra de tope: las Fuerzas Armadas de Chile (aunque no quepan dudas que van por ellas)
Una vez alcanzados los objetivos anteriores, los comunistas necesitaban aquello por lo que se les hace agua la boca: el poder. Esta vez, tenían calculado llegar más allá, de manera que por “poder” entendieron no solamente la captura del ejecutivo, sino crear un órgano adicional, la CC. Nuevamente, haciendo uso de su clásica estrategia, astuta y pacientemente, consiguieron alguien que hiciese el trabajo sucio -primera línea, CAM, organizaciones sociales, anarquistas, guerrilla urbana importada de Cuba y Venezuela, narcoterrorismo, etc.- y también a alguien que fuese la cara bonita de la nueva era, fácilmente manipulable por ellos: el Frente Amplio. El PC siempre ha hecho uso de otros para hacer el papel “del gato con que roba las castañas”.
Finalmente, su viejo modus operandi -el uso del miedo y el terror- continúa vigente y también fue utilizado para llegar al poder. Por ello, en su llamado a que “las elites dejen de tenernos miedo”, el presidente electo olvida que el ciudadano común tiene miedo, el comerciante que lo perdió todo en la insurrección tiene miedo, el pequeño agricultor al que le incendian sus cosechas y asesinan familiares ante el silencio de una izquierda necia que ofrece dialogar con el terrorismo, también tiene miedo. Pero el miedo que infunde el cerebro rojo por detrás de todo esto se puede disfrazar fácilmente. Preste atención y se dará cuenta de que ahora todos hablan no del presidente electo sino de “Boric”, como quien se refiere a un compadre. Se habla de su perro, de los cuchuflies, de sus paseos, de sus salidas para comprar sándwiches, y hasta de su mayonesa favorita, sin embargo, a los comunistas, ya no se les nombra. ¿Usted cree que es producto del liderazgo del presidente electo o una cortina de humo del periodismo nacional que no consigue contener su encanto por el nuevo presidente, cual adolescente enamorado? No, es reflejo de la astucia del PC y todo es parte de su plan.
Algunos dirán que todo esto no es más que parte de una obsesión personal -mía y de muchos otros que hemos insistido en señalar las verdades escondidas del comunismo- diciéndonos que los tiempos han cambiado, que no vivimos en la época de la guerra fría y que no hay nada que temer. A ellos les digo que, tal como el diablo ha hecho caer generaciones enteras haciéndoles creer que él y el infierno no existen, los comunistas han logrado influir a otros sectores de la izquierda chilena que han caído en la trampa. Una vez en ella, muchos se han dado cuenta de su error. A ellos, pues, debemos tenderles una mano y convidarlos a reencausar sus pensamientos y principios, para lo cual debemos estar listos pues le aseguro que no son pocos los arrepentidos que iremos encontrando en nuestros caminos.




