Noche de Brujas: tres enfoques
Joaquín Muñoz López | Sección: Historia, Religión, Sociedad
Acabamos de ver cómo una vez más la Noche de Brujas ocupó su ya ganado espacio dentro de nuestra sociedad. No deja de ser curioso cuán rápido se impuso, siendo una festividad completamente ajena a nuestro acervo cultural. Cabe preguntarse cuáles son las implicancias de este fenómeno.
La Noche de Brujas, más conocida como “Halloween”, da para varios enfoques. Por su origen, el primer enfoque es religioso. Es en esencia una festividad religiosa, pues, deriva de los antiguos cultos célticos realizados al final de las cosechas y comienzo del invierno. Los celtas ofrecían un festival al dios Samhain, el dios de la muerte. No tenía nada de extraño, hacia el 300 a.C., este tipo de prácticas eran habituales. La muerte, especialmente trágica, era una figura omnipresente. Los celtas creían que Samhain sería benévolo con esta festividad como ofrenda, la que incluía sacrificios humanos y de animales. Comenzaba el invierno, sinónimo de muerte y sufrimiento; plantas, animales y seres humanos estaban más vulnerables que nunca.
Hasta aquí no hay nada extraño, pues, se trataría de una simple y curiosa reminiscencia de tiempos lejanos, pero no es así. Los grupos ocultistas y satanistas aprovechan esta “efeméride” para realizar rituales, que pueden llegar a incluir sacrificios humanos. Sólo una constatación: Doreen Irving sostiene que “si los padres cristianos tuvieran alguna idea de lo que realmente es Halloween, ni siquiera mencionarían esa palabra frente a sus hijos, ya que todo lo que conlleva es muerte y miedo”. ¿Quién es Doreen Irving? Ella es una bruja satánica que se convirtió al cristianismo, se le consideraba la “Reina de las Brujas Negras” en Inglaterra y la más importante en Europa Occidental.
Otro enfoque es la sana convivencia entre los vecinos. Los niños son los principales destinatarios de esta fiesta, y, si ya es demasiado relacionarlos con el ocultismo y el satanismo, inculcarles malos modales y falta de respeto es como mucho. Se les enseña a chantajear con ese célebre “dulce o travesura”. ¿Qué sucede si la persona en cuestión no participa de Halloween? Simplemente recibe una “travesura”, es decir, no se respeta una opinión distinta. El niño aprende que las reglas son las que él quiere, no el sentido común o el respeto. Además, existe una dosis de venganza en esta práctica. No es necesario preguntarse quién repara los daños de esas “travesuras”.
Es importante mencionar de dónde proviene esta costumbre: las familias que no aceptaban realizar ofrendas, p. e., un niño, se exponían a ser visitadas por los demonios y ser castigadas por éstos, según las creencias de los celtas.
Otro enfoque es el consumismo que rodea esta fiesta. Como es una moda, casi nadie quiere ser distinto, así que todos parten a comprar o arrendar algún elemento. Nuevamente, los niños tienen la “oportunidad” de ser mal educados; piden y piden, muchas veces más de lo que sus padres pueden comprar, pero éstos se esfuerzan, llegando inclusive a endeudarse. La austeridad es otra víctima.
Estos tres enfoques son suficientes para que esta celebración sea considerada negativa. No se trata de dárselas de santo o algo parecido, simplemente de seguir las creencias que se dice tener; de optar por una sana convivencia o inculcar valores como la austeridad, rechazando el consumismo.
En días en que se recuerda a los difuntos, es más adecuado inculcarle a los niños el respeto, cariño y gratitud a nuestros ancestros, de quienes somos deudores.




