¿Qué le falta y cómo entender al capitalismo?
Antonio Argandoña | Sección: Historia, Política, Sociedad
La crisis de hace unos años ha dado nuevas fuerzas a la ola de anticapitalistas, que siempre han existido, pero que se vieron relegados a posiciones muy minoritarias a raíz de la expansión de los años anteriores y la caída del Muro de Berlín. Las críticas al capitalismo son muchas: la desigualdad en la distribución de la renta, el incumplimiento de las expectativas de muchos ciudadanos, el papel de las grandes empresas frente al Estado y a los ciudadanos, la “financialización” de la actividad económica (el peso del sector financiero en el producto interior bruto, la extensión del mercado a áreas en las que antes no estaba presente, la autonomía de la función financiera de la empresa respecto de la producción de bienes y la creación de empleo), la ruptura del “contrato social” básico y la queja de las clases medias de que “hicimos lo que nos dijeron que debíamos hacer, pero no nos ha servido de nada”…
Lo que llama la atención es la deserción de muchos, que se vieron favorecidos por el auge del libre mercado. Me parece que sigue siendo verdad que la economía de mercado es mejor que cualquier planificación, a la hora de impulsar la eficiencia y el crecimiento: si es esto lo que queremos, el capitalismo sigue haciéndolo mejor que sus alternativas. Pero parece que queremos otras cosas. Los resultados económicos no son lo más importante. Me parece que el sistema capitalista no ha sabido encontrar unos principios filosóficos y sociales sólidos, capaces de atraer a los ciudadanos. Seguir insistiendo en la dimensión económica ya no es atractivo: el utilitarismo, que ha sido siempre lo que los economistas proponemos, no es lo que mueve a la gente, en un mundo afectado por la globalización, la desigualdad, la incertidumbre, los conflictos y el malestar. Milton Friedman trató de hacer frente a este problema, señalando la dimensión moral de los mercados libres, que permiten el desarrollo de la libertad de elección, mejorar el nivel de vida y de consumo… Pero esto ya no mueve a la gente.
Para entender el capitalismo
El sistema económico capitalista no fracasa por el lado económico; tiene problemas, pero son mucho menores que los de los posibles sistemas alternativos. Lo que falla son los fundamentos filosóficos y sociales. Ahora quiero dar un paso más, sin proponer una solución: quiero hablar de lo que podemos llamar los “componentes” de nuestro sistema económico. He aquí los principales:
- Un complejo sistema de ideas y valores, desordenado, a menudo incoherente, que son objeto de un “mercado de ideas” donde se “compran” y “venden” concepciones del mundo, de la sociedad y del hombre, de la familia, de lo divino y lo humano.
- Dentro de ese batiburrillo, un conjunto de teorías filosóficas, sociológicas, económicas y políticas, tampoco ordenadas ni coherentes. Obviamente, la ciencia económica es la que más nos puede ilustrar en este campo.
- Un conjunto de normas y reglas legales, administrativas y sociales, como la libertad de empresa y de iniciativa económica, y los derechos y libertades individuales, y el papel, más o menos extenso, que atribuímos al Estado.
- Un conjunto de instituciones como el mercado, que permiten la coordinación de las decisiones individuales por una vía voluntaria, cuando recoge, almacena, procesa y transmite de manera eficiente la información necesaria para esa coordinación, y el sistema financiero ocupa también un lugar destacado, al menos en la fase actual del capitalismo.
- Un sistema de incentivos formales e informales, orientados a la eficiencia, incluyendo los supuestos de maximización de la utilidad y del beneficio.
¿Dónde se encuentran los fundamentos filosóficos y éticos de ese conjunto? Me parece que, primero y principalmente, en el sistema de ideas y valores; derivado de este, en las teorías, sobre todo económicas; derivado de todo lo anterior, en las normas, reglas e instituciones y, finalmente, en los incentivos.
Entre los críticos del capitalismo es frecuente decir que el el libre mercado, es el que conduce todo lo demás. Me parece que no es así, que lo que “manda” en este esquema es el “mercado de ideas” mencionado antes, porque esas ideas no las crea el mercado, sino la filosofía, la sociología, la economía y la ética; luego, los restantes componentes las potencian y desarrollan. Pero si queremos que los ciudadanos vuelvan a sentir aprecio por el sistema económico, tendremos que discutir sobre la sociedad individualista, utilitarista, emotivista, materialista… en la que vivimos. Y sobre la ciencia económica de lo que nos alimentamos, que se apoya en esos mismos trazos de nuestra sociedad.
Nota: Este artículo corresponde a dos entradas publicadas por el autor en su blog Economía, Ética y RSE, http://blog.iese.edu/antonioargandona.




