Urgente pedido de coherencia a los legisladores católicos

Obispos de Chile | Sección: Política, Religión, Vida

Honorable Señor (a) Diputado (a):

Como es de su conocimiento, está en discusión legislativa un Proyecto de aborto que pretende introducir la muerte de nuestros hermanos no nacidos. Limitado a tres casos concretos, sin embargo desde el punto de vista de la moral, de la ciencia y de la experiencia internacional, constituye indiscutiblemente la legalización de la muerte de los no nacidos. Ante este crimen nefando nuestra obligación de “enseñar a todas las gentes y de predicar el Evangelio a toda creatura” nos impide callar.

Nuestra voz se vuelve, en primer lugar, hacia los legisladores católicos que tienen la grave responsabilidad de permitir o no que se introduzca esta legislación de muerte. A ellos les recordamos que no es lícito a ningún católico participar de un aborto, menos aún abrir las puertas a miles de abortos.

 

El proyecto de aborto:
Una discriminación injusta, con consecuencia de muerte

El Proyecto propuesto por el poder Ejecutivo pone en estado de indefensión jurídica a todos los no nacidos menores de 12 semanas de gestación y en la práctica abrirá camino a una forma de legalización del aborto libre. Lo que, además de hacer posibles e impunes las muertes producidas, deformará gravemente la conciencia de todos los chilenos, dejándolos insensibles ante este crimen. Tal deformación hará que los plazos que hoy se dan como definitivos, terminen extendiéndose hasta el momento anterior al parto, conocido internacionalmente bajo el nombre de aborto por parto parcial (partial birth abortion).

De esta forma, el Proyecto establecerá una forma de discriminación injusta y con consecuencia de muerte para los no nacidos que se encuentren comprendidos dentro de las tres causales. Consideramos este límite completamente arbitrario y no se sostiene del punto de vista científico ni tampoco moral. Pretender, también, permitir el aborto en caso de violación o mal conformación del no nacido no tiene tampoco justificación moral; pues, en ningún caso, “el fin justifica los medios”. El medio es malo y no tiene justificación, porque consiste en dar muerte a un inocente.

 

El Magisterio de la Iglesia enseña que no existe un derecho moral de aprobar esta iniciativa

En esta emergencia es nuestra obligación recordar a los Honorables Diputados católicos, su necesaria coherencia con los dictámenes de la Fe cristiana. Les pedimos tener en cuenta que el parlamento representa a una población en su mayoría católica (60% aprox.) y, en mayor proporción, cristiana (90% aprox.). La doctrina de Cristo es doctrina de vida, tanto que él define su misión en relación a la vida: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10). De acuerdo a las enseñanzas del Magisterio Pontificio, no es lícito apoyar con su voto a ningún proyecto de ley que atente contra el derecho sagrado a la vida dado por Dios. Así lo afirma claramente S. Juan Pablo II: “En el caso pues de una ley intrínsecamente injusta, como es la que admite el aborto o la eutanasia, nunca es lícito someterse a ella” [1].

El Catecismo de la Iglesia Católica establece de modo vinculante para todo católico y en general para todo cristiano: “La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida” (N. 2270).

Por lo anterior no existe para un parlamentario católico el derecho moral de aprobar esta iniciativa legal.

 

El juicio de la conciencia no debe ser una arbitraria autonomía, sino que debe conformarse a la verdad

No ignoramos que algunos parlamentarios católicos han querido justificar su adhesión al Proyecto esgrimiendo la autonomía de su conciencia. A ellos, como Pastores, les recordamos que el juicio de la conciencia nunca debe ser una arbitraria autonomía, sino que ella debe conformarse a la verdad. En el caso de un cristiano, esa verdad es Cristo. La conciencia, cuando está rectamente formada, no puede apoyar estas iniciativas legales pues ellas son contrarias a la Ley del Creador.

Por lo anterior, nos dirigimos a Uds., Honorables Parlamentarios, que representan en el Congreso a los fieles de nuestras Diócesis, en especial a aquellos que se reconocen como católicos, para exhortarlos a que se opongan a esta iniciativa, y así den un valeroso testimonio de su fidelidad a Aquel que dijo, “Yo soy el camino, la Verdad y la Vida” (S. Juan 14:6).

 

Por ocasión de las próximas elecciones, recordaremos a los fieles la prohibición moral de dar el voto a favor de un candidato que haya apoyado el Proyecto de aborto

Con sinceridad les decimos a quienes así no procedan, que no será lícito para ningún católico votar por ellos, conforme lo afirman las enseñanzas del Magisterio sobre la ilicitud moral de dar el voto a proyectos o candidatos que favorezcan el aborto: ‘ni participar en una campaña de opinión a favor de una ley semejante, ni darle el sufragio del propio voto’ [2].

Será nuestra obligación de Pastores advertir a nuestros fieles que, independientemente de las legítimas opciones políticas que cada uno pueda tener, a ellos también les cabrá la prohibición moral de dar el voto a favor de un candidato que haya apoyado el Proyecto de aborto. Cosa que nos corresponderá recordar también por ocasión de las próximas elecciones.

Pedimos para Ud., Sr. (a) Diputado (a), las gracias del Divino Espíritu Santo para que lo ayuden a proceder con toda la fortaleza y sabiduría en este trance histórico para el futuro cristiano de nuestra Nación.

Lo (a) saludan atentamente, en Cristo,

 

Francisco Javier Stegmeier, Obispo de Villarrica
Felipe Bacarreza Rodríguez, Obispo de Sta. María de los Ángeles
Carlos Pellegrin, Obispo de Chillán
Jorge Patricio Vega Velasco, Obispo de Illapel
Guillermo Vera Soto, Obispo de Iquique

 

 

Notas:

[1] S. Juan Pablo II, Enciíclica Evangelium vitæ 73.

[2] Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración sobre el aborto procurado (18 de noviembre 1974), 744.

 

Este artículo fue publicado originalmente por El Mercurio de Santiago.