Ecos del pasado: La RDA en la mente de Bachelet

Felipe Bittner | Sección: Historia, Política, Sociedad

#10 foto 1Mi primer hijo nació estando yo en el exilio, en la República Democrática Alemana, y por tanto tuve ahí todas las condiciones tanto de salud, de nutrición, de apoyo, que me permitieron estudiar y tener un hijo en sala cuna (…) Yo me traje este modelo en mi cabeza diciendo: ‘me ayudó a mi a poder avanzar, a seguir desarrollándome como persona, como profesional’” . Estas fueron las palabras con las que la Presidenta de la República, Michelle Bachelet, recordó su paso por Alemania Oriental, uno de los tantos estados “satélites” de la Unión Soviética mientras estuvo exiliada entre 1975 y 1979.

La admiración que la Mandataria ha expresado en más de una oportunidad por el modelo de “socialismo real” que imperaba en la República Democrática Alemana (RDA), haciendo énfasis en la sistema de protección social, ha generado críticas de diversos actores políticos y sociales, no solo identificados con la oposición, si no que incluso por antiguos militantes de partidos de izquierda, quienes viviendo en la Alemania de Erich Honecker, se dieron cuenta que el aparente paraíso socialista no era tal, catalogándolo derechamente como una dictadura.

 

Un poco de historia…

La República Democrática Alemana fue un estado socialista constituido formalmente en 1949 tras la victoria de los aliados (Estados Unidos, Reino Unido, Francia y la URSS) en la Segunda Guerra Mundial. Tras el conflicto global, las naciones vencedoras acordaron dividir Alemania en cuatro zonas de ocupación, con el objetivo inicial de establecer un Estado democrático y libre del nazismo. Sin embargo, la alianza instrumental capitalista-comunista que se formó para combatir al enemigo en común, ya no se justificaba y comenzaba así el largo periodo que luego se conocería como la Guerra Fría.

Esto dificultó la unificación de las cuatro zonas de ocupación y en 1949, los territorios controlados por Estados Unidos, Reino Unido y Francia se constituyeron en una nación llamada República Federal Alemana. En respuesta, la URSS propició la creación de la República Democrática Alemana, donde el control político, social y económico estuvo bajo el Partido Socialista Unificado (SED) desde su creación hasta su reunificación con Alemania Occidental en 1990. Con los años, la RDA pasó a formar  parte del bloque soviético e ingresó al Pacto de Varsovia, liderado por Rusia, mientras que su hermana occidental ingresó a la OTAN, junto a Estados Unidos.

En ese contexto, surge al interrogante de saber qué es lo que despierta tanta admiración y nostalgia en la jefa de Estado por su experiencia como refugiada en la RDA y qué partes del modelo que colapsó con la caída de la Unión Soviética son rescatables.

Chile B conversó con Enrique Brahm, Doctor en Derecho de la Universidad de Frankfurt y director del Instituto de Historia de la Universidad de los Andes, quien explica que la vida de los ciudadanos comunes y corrientes en la República Democrática Alemana no era tan buena como algunos recuerdan: “Puede que Michelle Bachelet, como parte del sistema, haya contado con algunas ventajas que los otros no tenían, pero esa no era la apreciación de la mayoría de los alemanes orientales”.

El académico especialista en historia universal contemporánea, explica que “la RDA era un país comunista, una dictadura plena en que tenía el triste privilegio de contar con el Muro de Berlín, que era el monumento más representativo de la represión en esos países, que no fue construido para evitar que entraran personas como inmigrantes, sino que se hizo para que no escaparan hacia Alemania Occidental buscando mejores condiciones de vida”.

En ese sentido, el abogado e historiador es enfático al señalar que en Alemania Oriental, las restricciones a las libertades políticas, religiosas, económicas o de información, sobre todo mientras Honecker estaba al mando del país, eran superiores incluso a las existentes en la Unión Soviética: “Es bien sabido que buena parte del presupuesto se lo llevaban los órganos de seguridad, como la policía política -la Stasi-, que funcionaba en los países comunistas. Incluso se decía que cuando habían dos personas reunidas, una de ellas era un informante de la Stasi. El régimen de Honecker era todavía más retrógrado, ni siquiera se abría a las reformas que se estaban llevando adelante en Rusia. Era una especie de prisión”, dice Brahm. Si bien hay discusión respecto a las cifras oficiales, cerca de 200 personas murieron intentando cruzar el Muro de Berlín.

Siendo un Estado socialista, con un partido hegemónico a la cabeza del gobierno, las principales decisiones políticas de la RDA eran tomadas por el Politburó del SED, donde el secretario general del partido ejercía el poder, aunque también existía la Cámara del Pueblo, que era el parlamento donde se elegían a los Consejos de Estado y de Ministros y se designaba al presidente del Consejo de Defensa Nacional. Dado que el SED contaba con una enorme mayoría, prácticamente no se producían discusiones en torno a las decisiones de gobierno y en la practica no existía una oposición política relevante.

 

“Una dictadura perfecta”

#10 foto 2Uno de los chilenos que fue acogido por la RDA tras el Golpe Militar, fue el analista internacional, escritor y ex diplomático, José Rodríguez Elizondo, quien estuvo durante tres años en Alemania Oriental tras irse exiliado del país en 1974.

Según explica a Chile B, “no llegué con excesivas ilusiones, porque no tenía otra parte en que me recibiera. Agradecí el que se me recibiera, que tuviera mi habitación, mi trabajo, pero por la cualidad de mi trabajo, nunca podría vivir en un país que reprima la libertad intelectual”, dice Rodríguez Elizondo, quien asegura que “de los tres años que estuve allá, dos estuve inventando cómo fugarme”.

Agrega que muchas personas y antiguos exiliados “por gratitud niegan la realidad de las cosas como son. Un país en el que no se puede decir lo que se quiere, donde no se puede viajar, donde la policía política vigila cada paso, no es una democracia. Ellos se pondrán “democracia popular” como un eslogan comunicacional en la época de la Guerra Fría, pero me parece sorprendente que todavía haya gente que diga que no fue una dictadura. “La RDA fue una dictadura perfecta y si no hubiere sido el derrumbe de la Unión Soviética, quien sabe cuánto tiempo habría durado”.

Al respecto, Enrique Brahm explica que del contingente de chilenos exiliados que llegó a la RDA, “nadie se quedó viviendo allá. Todos prefirieron volver a Chile y muchos iban de pasada por esos países y después se iban a México o Venezuela. Por eso cuesta entender por qué siguen poniendo de modelo a Alemania Oriental, sobre todo cuando hubo represión violenta. En 1953 hubo un levantamiento de los berlineses contra las autoridades comunistas que fue reprimido con tanques soviéticos. Esos países se mantenían así porque estaba esa presencia. Lo mismo ocurrió en 1956 en Hungría y en la Primavera de Praga en 1968”.

 

Un sueño con fecha de vencimiento

En cuanto al aspecto socio económico de la RDA, el sistema que imperaba era el modelo de planificación centralizada, donde se llevaban a cabo Planes Quinquenales para desarrollar sectores productivos específicos además del predominio de empresas estatales mediante la nacionalización. A su vez, los precios de los productos y los sueldos eran fijados por el Estado, quien se encargaba de garantizar las necesidades básicas de las personas, como salud, trabajo, educación y vivienda.

Sin duda, las políticas sociales de estados como la RDA son su bandera de lucha más potente y que mayor interés genera, sin embargo, como es tradicional en estos sistemas, la escases de bienes de consumo, la inflación y el mercado negro fueron elementos que rápidamente aparecieron, unido al evidente retraso tecnológico, económico e industrial en comparación con occidente.

No hay comparación posible económicamente entre las dos mitades. Los del lado oriental vivían en condiciones precarias con muchas limitaciones. En la década de los 80, la RDA ya era inviable, porque el sistema de apoyo en salud, vivienda, educación o trabajo era en base a grandes subvenciones que se financiaba en gran medida con el petróleo de la Unión Soviética. Pero cuando empezó con problemas, eso se cortó”, explica Brahm, que si bien valora las prestaciones sociales que se entregaban en la RDA, “era insostenible en el tiempo”.

En tanto, José Rodríguez Elizondo admite que si bien fue una dictadura, existieron elementos rescatables que de alguna manera explican el interés de algunas personas por recordar ciertas acciones realizadas por el régimen, sobre todo en materia de protección social.

Yo coincidí mucho con la Presidenta cuando habló de su experiencia en las guarderías, porque las conocí”, dice el autor, que explica que cuando nació su hija “la tuve que poner en una kinderkrippe, que es una guardería infantil. Fue una experiencia muy notable y hermosa porque era un equipo de personas muy abnegadas que trataban muy bien a los niños y ellos tenían una gran capacidad de desarrollo a sus niveles”.

Sin embargo, admite que una vez que se sale de esta especie de burbuja de bienestar, el choque con la realidad que experimentaban las personas progresivamente al ir creciendo reflejaba el precario estilo de vida en el lado oriental. “Tal como lo describió el novelista Carlos Cerda (fallecido escritor y también exiliado político en la RDA): ‘Y la verdad es que los niños viven aquí, sin saberlo, un extrañísimo privilegio que les concedió la historia: en ningún lugar del mundo es más triste dejar de ser niños’. Es una formulación muy lograda y la recuerdo siempre, porque el niño pasaba de este sistema del kinderkrippe, a empezar a sufrir por la falta de libertad en la medida en que iba tomando conciencia política”.

Opinión similar es la que tiene el escritor y ex ministro presidente del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, Roberto Ampuero, quien en su libro de 2014 “Detrás del Muro” plasma con detalle su experiencia como exiliado en la RDA cuando era militante de las Juventudes Comunistas y la decepción que se llevó al poco tiempo de vivir en el país por la enorme represión que efectuaba el gobierno.

#10 foto 3El exilio chileno nunca fue capaz de hablar en contra ni de la persecución, ni del encarcelamiento de opositores políticos, ni de la existencia de centros institucionalizados de detención y tortura, ni del espionaje que la Stasi ejercía contra la población. (…) Aun no coincidimos como chilenos en la necesidad de rechazar con la mente y el corazón las dictaduras sin importar su color, sean de derecha o izquierda”, dice el ex militante de las JJ.CC.

El modelo de “socialismo real” implementado en la República Democrática Alemana desde su creación hasta su caída y posterior reunificación con su hermana occidental, ha generado incontables estudios, libros y testimonios de quienes vivieron en ese país y quienes llegaron buscando refugio en un sistema que provoca atracción inmediata por los beneficios que entrega. Pero como explican expertos y los propios exiliados en la RDA, rápidamente quedó de manifiesto que esa utopía no era tal, pese a que algunos siguen añorando estas fórmulas inviables que la historia se ha encargado de demostrar.

 

 

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por Chile B, www.chileb.cl.