Con-ciencia
P. Raúl Hasbún | Sección: Política, Religión, Sociedad, Vida
El Partido Demócrata Cristiano se define como “doctrinario, ideológico y programático”, en el marco del humanismo cristiano. En cuanto humanista, sustenta la convicción de que todo ser humano es titular de una dignidad y derechos que le son consubstanciales y no dependen, para su ejercicio y respeto, de características accidentales como tamaño, edad, inteligencia, salud, utilidad, origen, ser deseado o aceptado por otros. En cuanto cristiano, hace suyo el mandato y ejemplo de Jesucristo, que vino a dar su vida para que otros vivan y calificó como “malditos” a quienes dejan o hacen morir a los pequeñitos: en esas vidas mínimas está presente El. Para el humanismo cristiano, la eliminación directamente querida de una vida inocente es un crimen abominable, que viola en su raíz y substancia los derechos humanos y el derecho divino: “lo que hiciste contra uno de estos, mis hermanos menores, a Mí me lo hiciste”.
Por coherencia elemental, un miembro activo del Partido Demócrata Cristiano no puede dar su voto a un proyecto de ley que no sólo despenaliza el aborto, sino lo eleva a la categoría de “derechos” sexuales y reproductivos. Reconocer por ley el derecho a deshacerse de una vida y persona humana porque su existencia no es deseada o su presencia no satisface el estándar que se espera de ella, implica destruir el cimiento de un Estado democrático para entronizar la forma más brutal de tiranía y dictadura totalitaria. Un Estado abortista se apropia de una facultad que jamás ha tenido ni podrá tener, y se la traspasa a los poderosos para que discrecionalmente arrebaten, a los débiles e indefensos, su derecho a la vida. A partir de ese momento, el Estado abortista pierde toda autoridad para hablar en nombre de los derechos humanos.
La tan alegada “acotación” a tres estrictas causales no pasa de ser un grosero truco semántico y estratégico. Ante el reproche de algún activista comité de la ONU por no haber todavía implementado servicios de prestación del aborto, nuestro Gobierno prometió oficialmente empeñar su mejor esfuerzo en “reducir la brecha entre fecundidad real y fecundidad deseada”. Es la frase más perversa e hipócrita contenida en un documento oficial de la República. No puede sino entenderse como promesa y amenaza: que vivan solamente los que nosotros deseamos que vivan. El derecho de matar las vidas no deseadas repugna intrínsecamente a la concepción democrática del Estado.
Tras confirmar y urgir su ideario fundacional, el Partido Demócrata Cristiano reconoció a sus parlamentarios libertad para votar “en conciencia”. De inmediato su Presidente exultó: “estoy convencido de que habrá una mayoría para aprobar el proyecto”. Confunde conciencia con subjetividad. Con-ciencia es saber lo que sabe Otro: lo que sabe y ordena Dios. Una conciencia que ordena o aprueba matar inocentes es la consagración, irracional y letal, de la inconciencia.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente por Revista Humanitas, www.humanitas.cl.




