Lewis: Democracia e igualdad

Rodrigo Pablo P. | Sección: Educación, Política, Sociedad

#10 foto 1En “Screwtape Proposes a Toast” Lewis advierte acerca de los peligros de entender mal la democracia y llevarla más allá de ser uno de los posibles regímenes políticos (sin duda el mejor conocido). Señala el autor, a través de la boca del demonio  Srewtape, que la democracia surge de la idea de que los hombres deben ser tratados iguales, y que su gran vicio es generar la idea de que debemos ser iguales y forzar la igualdad, impidiendo la diferencia y viéndola como perniciosa.

Los peligro acerca de los que este autor advierte han quedado, en cierto modo, plasmados en la denominada Reforma Educacional, y si bien las palabras de Lewis no tienen por qué ser ciertas ni son incontradecibles, las opiniones de un hombre de su cultura e inteligencia no deben ser dejadas de lado sin más. Debido a lo anterior, en los siguientes párrafos analizaremos algunas ideas que puedan ser interesantes.

Digamos que el autor señala que el reclamo por igualdad, fuera del ámbito estrictamente político, es realizado por quienes se sienten inferiores y se niegan a aceptar serlo con respecto a otros en ciertos aspectos; agrega que recienten toda forma de superioridad en otros queriendo por tanto destruirla. De este modo si alguien es más educado debe dejar de serlo, si a alguien no le gusta el alcohol y sus efectos debe aprender lo que se pierde; ello porque no hay ninguna razón para ser diferente, eso es antidemocrático y anti igualitario (Mao aplicó esta idea durante la revolución cultural, acabando con gran parte de la cultura china).

Plantea que este fenómeno se conocía antes como envidia, pero que amparado por la palabra democracia pierde su sentido vicioso y adquiere uno virtuoso, lográndose que se vea como razonable la idea de “nivelar hacia abajo”.

A reglón seguido Lewis apunta que esto es tan fuerte que aquellos que podrían estar cerca de la “total humanidad” se avergüenzan de esto por ser dicho estado contrario a la igualdad y a la democracia. A esto podríamos agregar nosotros, que con la difusión de una serie de ideas acerca de cómo debería ser el “ser humano normal”, se busca por medios médicos tratar de volver a los superiores iguales, y muchos padres concurren a esto, enviando a sus hijos “diferentes” a psicólogos para que los ayuden a entrar en la vida social. Así las mismas familias, en un acto que cualquier totalitarismo desea, entregan a sus hijos a los profesionales de la mente para docilisar sus espíritus indómitos. De esta manera se relegan sus deseos por ser más, por saber más, por ser mejores; para convertirlos en un “engranaje” buscando que pierdan, desde pequeños, su individualidad.

Volviendo a Lewis, habla de cómo estas ideas, son el credo común y han generado un inmenso horror a ser “individuos”, a estar fuera del rebaño, lo que básicamente consiste en apagar el cerebro y dejar que otros (no sabemos por qué ellos) nos digan que hacer. Pone el ejemplo de una mujer que reza: “Señor hazme una mujer del Siglo XX. Lo que significa: hazme descarada, imbécil y un parásito”.

Así dice el autor, “hemos caído en desacreditar y buscar eliminar (lo que cada día estamos más cerca de lograr) cualquier clase de excelencia humana, ya sea moral, cultural, social o intelectual” (idea que también está presente en el famoso tango: Cambalache). Dice que de esta manera la democracia en lugar de liberar a los seres humanos hace el trabajo que desde antaño han hecho los más brutales dictadores, consistente en gobernar impidiendo que otros destaquen.

Concluye de lo anterior que si la moral es plana, si el vicio campea, si no hay diferencias, los hombres se vuelven esclavos, cifras, finalmente nada; y a esto podemos agregar que  del sentirse nada devienen múltiples vicios: si siento que  mi vida no tiene sentido, para que me preocuparé de hacer algo de ella.

Tras esta introducción, el autor se centra en el Sistema Educacional, y dice, a través de la boca del demonio, que no hay ningún mayor éxito para el mal que hacer sentir a los malos alumnos tan buenos como los trabajadores y esforzados. Sobre esto, podemos decir que aparentemente en Chile las autoridades tienen una opinión diferente ya que sin problemas declaramos la guerra a los liceos de excelencia y a la selección de los mejores alumnos.

Habla del daño que provoca el sistema educacional que no permite a los mejores ir más allá, y pone un ejemplo que, traducido a nuestra cultura, significa tener a niños que deberían estar leyendo a los clásicos repitiendo: “Tres tristes tigres trigo tragaban en un trigal”.

Así el sistema, dice, erradica los incentivos para ser mejor y las sanciones por ser peor, y busca nivelar hacia abajo a los que quieran ser mejores.

A continuación dice que una parte fundamental de todo este engranaje es que la educación sea estatal, lo que elimina a la clase media, clase que es la que busca surgir y está dispuesta a invertir su dinero en la mejor educación posible para sus hijos y a exigirles a estos los mejores resultados. Señala que no hay que olvidar que es esta clase social la que ha dado a la humanidad la inmensa mayoría de sus sabios: “científicos, físicos, filósofos, teólogos, poetas, artistas, compositores, arquitectos, juristas y administradores”.

Recuerda también, haciendo notar lo monstruoso de la cita, el dicho de un político inglés: “una democracia no necesita grandes hombres”.

Finalmente concluye este acápite señalando que la democracia es la superior de las formas de gobierno cuando ella es bien entendida, pero que a través de esta  manera de comprenderla ella decae y se condena a morir, ya que crea naciones “sin grandes hombres, iliterarias, moralmente flácida, llena de adulaciones e ignorancia, con un excesivo cuidado del cuerpo” (cree que en un lugar con estas características es posible que se elija al mejor gobernante).

Vemos que Lewis nos recuerda que no todas las medidas que parezcan democráticas lo son y, también, que él no compartiría las premisas de la reforma educacional y del nuevo credo político de Chile.

A lo dicho por Lewis podemos agregar que no solo esas ideas la dañan la educación y la democracia; también lo hacen las de aquellos que creen que solo la educación matemática y científica es real y útil, por lo tanto es la única que debe ser enseñada, y peor aún aquellos que creen que sus situaciones de privilegio y de excepcional capacidad no acompaña una mayor responsabilidad para con el prójimo.

#10 foto 3Si queremos tener una nación realmente inclusiva donde cada uno se pueda desarrollar adecuadamente debemos diferenciar lo distinto y darle a cada quien lo que necesita; debemos apoyar a los más capaces de modo que ellos lideren los grandes cambios y nos lleven hacia adelante. A su vez, los privilegiados deben comprender sus enormes responsabilidades llevando su vida y la de los demás por el camino de la virtud, reconociendo todo lo que se ha hecho para permitirles florecer.

La sociedad realmente inclusiva no es la igualitaria, es la que sigue un modelo familiar donde cada uno puede llevar sus capacidades al máximo y encontrar la felicidad propia y de su prójimo.