Sobre la República Chilena y su crisis (Advertencia a los chilenos)

Carlos A. Casanova | Sección: Historia, Política, Sociedad

#06 foto 1El país se encuentra en una situación muy delicada. Sólo un grupo de personas lúcidas y esforzadas hasta el heroísmo podrían evitar que cayera en un abismo sin esperanza de sobrevivir como país independiente.

El astuto comunista decía: “corrompe la moral de un pueblo, y éste caerá como un fruto maduro en tu mano”. La moral de Chile está en proceso de descomposición. Sólo en el 2004 se aprobó el divorcio y ahora los divorcios se han multiplicado y han puesto en jaque a la familia. Cuando llegué a Chile en el año 2005, era notable que, exceptuando a los trabajadores de la construcción, los hombres no seguían con los ojos a las mujeres. Ahora da grima: el pudor y aun la vergüenza han sido corroídos por la “pornografía suave”, por algunas emisoras pestilentes de radio, y por manifestaciones musicales de baja ralea que cada vez más toma posesión de las almas y los hábitos, tal como lo describió Platón en “República” III. Por otra parte, las sustancias estupefacientes corren como agua, con el fin, en palabras de Fidel Castro, de “debilitar la juventud del enemigo”.

Ahora entramos en otra fase. Un bombardeo mediático de desprestigio del régimen que busca justificar una “refundación de la república”. –Una Asamblea Constituyente, en otras palabras, como la de Venezuela y otros varios países Iberoamericanos. Igual que en Brasil, a los comunistas chilenos no les importa embarrar a su propia gente, con tal de erosionar la república. Ven ya muy cercano el día de la venganza, de la destrucción, del banquete de carne humana, como el de los lobos platónicos (libros VIII-IX de la “República”). Según ellos, la solución cristiana es morir por la verdad, pero “la solución política es matar por la verdad”. ¡Se encuentran los deseos complementarios!” ¡Aúllan pensando en el día del degüello!

¡Chilenos! La “corrupción” existe en todas las repúblicas. El financiamiento ilegal de los partidos se ha hecho una necesidad política por razones análogas a las que competentemente describe Max Weber en “La política como vocación”. Todos deberíamos estudiar esta obra para librarnos del insensato utopismo que nos llevará a la destrucción si no reaccionamos a tiempo.

La verdadera corrupción, la más radical y más destructora, es la “hybris” de los revolucionarios. En Venezuela, por ejemplo, en los 80 y 90, los medios se dedicaron a erosionar la república y a denunciar desigualdad, injusticia y corrupción. Con visión retrospectiva, uno comprende que esa campaña mediática no fue sino el corrosivo que destruyó una gran república para poner en su lugar el gobierno de una banda de pistoleros de segunda y de bandidos, que se creen el culmen de la historia porque han “descubierto”, con Chávez, que “el hombre es sangre, sangre y mierda” (cadena televisiva de enero de 2008); y porque son apoyados por todo tipo de poderes internacionales. En Venezuela, antes de Chávez, la salud y la educación eran gratuitas y de gran calidad (aunque no lo sabíamos), las enfermedades tropicales habían prácticamente desaparecido, íbamos camino de librarnos de la deuda externa (Caldera, con el barril a 7 dólares, la redujo en los 90 de 30.000 millones a 27.000 millones), las universidades eran autónomas, las elecciones eran reales, había verdadera libertad de opinión, y había, además, numerosos subsidios, de modo que no había hambre. Producíamos más de la mitad de los productos agrícolas que consumíamos y exportábamos todo tipo de productos, de modo que los supermercados del Caribe hispánico estaban llenos de mercancías “hechas en Venezuela”. Ahora, tras dieciséis años de desgobierno y criminalidad comunista, ya no hay verdaderas elecciones, las universidades están siendo  sofocadas (porque los comunistas tienen que destruir todo lo que no pueden controlar enteramente), hay hambre, ¡hambre, en Venezuela!, la industria desapareció del todo igual que la agricultura, hay todo tipo de epidemias y volvieron enfermedades desaparecidas hace décadas (el Instituto de Medicina Tropical ha sido amordazado o destruido), el país perdió parte importante de su territorio (el Esequibo), la deuda externa o interna sobrepasa los 200.000 millones de dólares (habiendo tenido el barril de petróleo, por años, a 140 dólares), no hay libertad de expresión, hay presos políticos, se ha asesinado a cientos de miles, millones se han visto forzados a emigrar y, por último, hemos perdido el carácter de Estado independiente.

¡Chilenos! No permitamos que la mafia comunista, que representa oscuros intereses internacionales, nos embarque en una aventura constituyente que acabará en la total destrucción de la Patria.

Aprovecho para dirigir una advertencia a los empresarios de la comunicación. Los pares venezolanos se dejaron arrastrar  por la corriente que erosionó la república; más aún, contribuyeron activamente a formar dicha corriente. –Algunos pensaron que era su oportunidad de conquistar el poder político, para sumarlo al comunicacional. Hicieron pactos, jugaron a conspiradores. Y, con excepción de los Cisneros, que son la tapadera o los testaferros de los Rockefeller, ¡la pagaron caro! Recuerden los chilenos a Marcel Granier, el dueño de RCTV y de un emporio comunicacional. Los comunistas no respetan pactos. En frase de Rafael Caldera, “no tienen honor”. Reaccionen, empresarios chilenos, antes de que sea demasiado tarde. Si no, serán barridos, a menos que –como Cisneros– representen al mismo epicentro de la revolución.

En Chile la república está en buen estado. Es envidiable. No tiene deuda externa, a pesar de ser un país pobre en recursos naturales. No hay, realmente, pobreza extrema, o podría atenderse como lo hizo san Alberto Hurtado. Los servicios funcionan. La educación no siempre es gratuita, pero hay fuentes razonables de financiamiento, y se promueve la responsabilidad personal. (Fuentes mucho más razonables que en Estados Unidos, por cierto. Por otra parte, en Venezuela habíamos pensado en eliminar la educación universitaria gratuita y dar becas sustanciosas a los más pobres, pues la educación gratuita favorecía en muchos casos a familias con recursos, y no siempre ponía la educación universitaria a disposición de los más pobres, porque éstos no podían prescindir de un salario por cinco años). Embarcarse en una refundación de la república con los comunistas sería un suicidio colectivo.

Quienes comprendan esta advertencia deben formar grupos o instituciones (o permanecer en ellos), que no transijan con la locura colectiva. Serán, así, un referente, aunque ahora quizá no ganen elecciones. Cuando se desate la tormenta, todos volverán a ellos sus ojos. Y, entonces, habrá esperanza para Chile. Pero, si todos transigieran ahora en la locura colectiva, por el espejuelo de un cargo o una prebenda, Chile estaría ya muerto. Ruego a Dios que así no sea.

 

 

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por el autor en su blog El abejorro, http://carlosacasanovag.blogspot.com.