Los fanáticos
Rodrigo Pablo P. | Sección: Política, Sociedad
La Real Academia Española define fanático como aquella persona “que defiende con tenacidad desmedida y apasionamiento creencias u opiniones, sobre todo religiosas o políticas”. En el léxico común se tiende a decir que fanático es una persona que tiene opiniones extremas que se oponen a las socialmente aceptadas en una medida que son irreconciliables; de este modo el término es utilizado comúnmente para descalificar ciertas posturas que se alejan del sentir común en un tiempo dado.
Así, en lo que a política y religión se refiere, la mayoría de las veces no es más que una descalificación, injuriosa, vertida por los detentadores de la opinión oficial en contra de los opositores que se niegan a someter sus ideas a los marcos definidos por los primeros.
Podríamos decir que es bastante cercano, sobre todo a lo que en religión se refiere, al de “puritano” desarrollado por C.S. Lewis en “Cartas del Diablo a su Sobrino”, que básicamente, según el autor deja entrever, esconde solo un calificativo sobre una opinión moral estricta que por separarse de las conductas viciosas normalmente aceptadas es descalificado por la mayoría. Un concepto similar al que estamos tratando aparece en el libro “El Otro Modelo”, donde los autores critican la actitud de las autoridades chilenas que descalificaron a los estudiantes por no querer negociar con ellos, identificando como uno de los males de la democracia chilena el hecho de que todo se resuelva en transacciones sin poner la vista en principios ulteriores.
La historia reciente muestra lo incontradecible de esta tesis y cualquier lector medianamente interesado podrá constatarlo; simplemente debe buscar las opiniones que se han vertido durante los últimos 50 años en los temas controvertibles (sistema económico, rol del Estado, matrimonio homosexual, aborto, divorcio, etcétera) y podrá constatar que la opinión normal ha variado de país en país y de tiempo en tiempo. Podríamos poner como ejemplo el comentario a la “Ética Nicomaquea” de Antonio Gómez Robledo, quien señala en él, y en el año 1967, que la homosexualidad, que en tiempos del Estagirita era visto por algunos como algo normal, hoy es considerada como una conducta inmoral; situación que a los pocos años se había revertido.
Lo que ocurre es que el término fanático, al igual que todo otro término que exprese una cualidad o medida debe ser dicho en relación con otro, y ese es la opinión de los dueños del discurso oficial de una nación. Por ello es que jamás encontraremos: “extremistas”, “puritanos”, “fanáticos”, “intolerantes” e “intransigentes” en el gobierno, ya que apenas lleguen dejarán de serlo.
En conclusión, no debemos escuchar estas etiquetas, debemos simplemente buscar lo mejor para nuestra sociedad, discutir con libertad y tratar de que el bien se tome el espacio público hoy totalmente cooptados por esa jaula al pensamiento que imponen esta clase de términos.




