Libertad de expresión y respeto religioso
Rodrigo Pablo P. | Sección: Religión, Sociedad
Hoy el mundo se vuelve a ver sacudido por un atentado perpetrado, aparentemente por musulmanes, en contra de una exposición realizada en Dallas de caricaturas que se mofan del profeta Mahoma. Esto se suma a los atentados perpetrados en París y en Copenhague a principios de este año y nos obliga a preguntarnos acerca de si es conveniente que persona lleven adelante actividades que puedan acarrear la ofensa de una religión y tan temibles consecuencias.
La organizadora del evento de Dallas, ha sido tajante en manifestar que seguirá realizando esta clase de eventos y que “ella no limitara su libertad para no ofender a salvajes”.
Si bien la frase es incuestionable, nadie debería limitar su libertad para no ofender salvajes o por realizar eventos que no son ofensivos sino para personas excesivamente sensibles. Debemos preguntarnos si ¿los islámicos son efectivamente salvajes? y ¿si la misma expresión podría usarse para ofender a otras religiones, razas, naciones o culturas?
La primera pregunta tiene por respuesta un claro no, y la segunda de responderse afirmativamente podría ser el fin de varias normativas que busquen la no discriminación; un comediante xenófobo y racista podría escudar sus rutinas en esta clase de expresiones, a su vez podría una organización laica injuriar a la persona de Jesús, señalando que las creencias y los dogmas religiosos de los católicos y demás cristianos son propios de salvajes (quien podría creer por ejemplo que un niño nació de una virgen).
Nada justifica los ataques, pero la libertad de expresión como cualquier otro derecho no es ilimitada. Los derechos y libertades tienen un fin, sin el cual no se explican y deben encuadrarse dentro de él, lo contrario, esto es considerarlos de manera ilimitada, es la ley de la selva.
Por ejemplo, de considerar ilimitados los derechos, podría una pareja tener relaciones sexuales en un plaza pública frente a niños e intentar amparar esta acción en sus libertades de expresión y desplazamiento; podría alguien pintar los muros de su vecino esgrimiendo en su defensa las misma libertades; o podría un alumno hacer una caricatura que ofenda a su profesor señalando que la ha hecho en uso de su libertad de expresión.
Los seres humanos somos seres sociables, vivimos en un mundo donde viven más personas y por lo mismo no somos libres de hacer lo que queramos, ni nuestros derechos tienen una extensión total y carente de un fin determinado; ellos son para que podamos vivir justa y rectamente en una adecuada convivencia con los demás.
Así las cosas no parece apropiado hacer una exhibición de caricaturas que ofendan al segundo grupo religioso más grande del mundo, al cual adscribe un gran número de personas rectas y honestas. Esto no es una adecuada expresión, ni un conjunto de obras de arte, esto es ensañamiento con un grupo humano. Como por lo demás lo han señalado algunas organizaciones de defensa de los derechos humanos.




