Autoridad en la familia

Gonzalo Rojas Sánchez | Sección: Familia, Sociedad

#03-foto-1Dos semanas atrás se comentaba en este mismo espacio que es necesario pensar en concreto sobre, al menos, una decena de temas. El afán de darle nueva vida, nueva fuerza, a las ideas que han inspirado el mejor pensamiento en Chile, debe convertirse casi en una obsesión, si se quiere ser consecuente con los diagnósticos sobre nuestros dramas nacionales.

A pensar pues, decíamos.

En el listado sugerido figuraba en primer lugar está interrogante: ¿Cómo revitalizar la autoridad en la familia y en la educación?

El diagnóstico es claro. La autoridad paterna y docente está muy deteriorada por culpa de los propios padres y profesores y de un ambiente de autonomía desenfrenada predicado por cuanto egoísta hay en el planeta Chile.

En la familia, todo debe plantearse para los nuevos matrimonios. Los planes de formación que están en marcha para ellos deben contemplar el reforzamiento de la autoridad de los padres sobre el uso de los medios electrónicos, del dinero, del tiempo libre, de los espacios físicos, de la alimentación, de la ropa y de los objetos de deporte y recreación de sus futuros hijos. Casi nada de TV y celulares restringidos, muy poca plata, horarios exigidos, espacios reducidos, comida sana, ropa justa, deportes baratos: en la aplicación de esos criterios ayudando a que los hijos los asuman con libertad se juega la recuperación de la autoridad. Ya hay ONGs que se dedican a la promoción de estos principios en ciclos de formación. ¿No podrían organizar concursos y “competencias” de eficacia en esta materia? ¿No hay que incentivar mucho más esta labor que el deseable trote o paseo familiar?

Si los nuevos matrimonios firman compromisos ante alguna de estas ONG, si ellas, a su vez, se comprometen a prestarles asesoría pedagógica a medida que vayan enfrentando dificultades, si los propios padres pasan a ser voluntarios de esas mismas organizaciones, en veinte años sus hijos comienzan a reproducir el ciclo virtuoso.

Y para incentivar a que haya más ONGs dedicadas al tema, ¿por qué no ofrecer desde algunas universidades cursos de capacitación a sus miembros de tal modo que haya una alianza entre universidades, ONGs y familias de padres jóvenes?

Sin duda alguna el ejemplo de matrimonios que no transen su autoridad ante los hijos resultaría también un llamado de atención a tantos cuarentones y cincuentones contemporáneos que ya tiraron la esponja y que hoy son dominados por sus adolescentes liberados. Hasta puede que comiencen a reaccionar.