Pensamiento crítico: clave en la calidad educacional

Germán Gómez Veas | Sección: Educación

#08-foto-1En la aguda crisis del sistema educativo en el propósito de lograr calidad, inciden al menos dos hechos pedagógicos muy claros.

Por una parte, ejerce un efecto desfavorable para lograr aprendizajes profundos el masivo uso de metodologías pasivas para traspasar a los alumnos la serie de contenidos curriculares. Por otra parte, es desafortunado evaluar el dominio de dichos contenidos, alineando procedimientos de control centrados principalmente en las habilidades de análisis y síntesis. Ambos componentes, para expresarlo con claridad, ocurren en la sala de clases.

En lo fundamental, la manera de enseñar hoy, no inspira en los alumnos un desafío por aprender profundamente, de tal manera que ellos experimenten con claridad un crecimiento significativo en sus capacidades.

El sistema de enseñanza vigente tampoco estimula habilidades integradoras de los aprendizajes. De hecho, a los alumnos les resulta suficiente adoptar y entrenar una cierta mecánica para resolver las operaciones básicas y así, lograr responder los controles precisos que les permita egresar del sistema escolar. Todo esto sin tener que ejercitar la firme capacidad del pensamiento crítico.

En efecto, los alumnos hoy sólo tienen que ser hábiles para describir, identificar, o enumerar. Es decir, con poner en marcha acciones propias de la capacidad de análisis, los escolares pueden ser promovidos a los cursos superiores. En algunos casos, el actual sistema escolar prepara a los estudiantes para que sean capaces de comprender, contrastar o inferir, acciones propias de la capacidad de síntesis.

Sin embargo, a muy pocos alumnos se les ayuda para que ejerciten las dimensiones del pensamiento crítico, lo que les permitiría cuestionar, imaginar, evaluar, formular hipótesis o aplicar principios, todo en narraciones verbales o escritas en orden, con precisión y presentando los correspondientes fundamentos.

Hay que agregar que a pesar de los numerosos argumentos que la psicología cognitiva ha revelado al respecto, no se ha asumido tampoco, que las finalidades y funciones de las evaluaciones son diversas.

En la práctica, los sistemas evaluativos de los aprendizajes vigentes, en su gran mayoría son coherentes con las capacidades de análisis y síntesis que se están desarrollando en las unidades educativas. Pero como no se trabajan con intensidad las habilidades superiores, entre las que destaca como eje articulador el pensamiento crítico, no se aplican acciones evaluativas que permitan a los alumnos dar a conocer su creatividad, originalidad y coherencia verbal o escrita.

Tomando en cuenta este contexto, resulta evidente deducir que mientras la enseñanza se proponga primordialmente, tal como lo está haciendo ahora, hacer que los alumnos realicen análisis y síntesis de la información que reciben, en lugar de estimular al aprendizaje necesario para que procesen dicha información y la interpreten, a la vez que se familiaricen en el uso de las estrategias cognitivas adecuadas para comprenderla, ampliarla, proyectarla y evaluarla, entonces la calidad del quehacer educativo seguirá siendo paupérrima.