Contra la dignidad del hombre: Río +20

Luis Fernández Cuervo | Sección: Sociedad, Vida

Sería ingenuo pensar que la derrota que sufrieron los abortistas en el documento final de Río+20, ha cambiado drásticamente el panorama a favor de la vida. La lucha sigue. Y la infiltración en algunos organismos como muestra el documento de Cáritas Internacional de esa reunión, es uno de lo signos preocupantes. Basta mencionar dos rarezas de ese documento.

Una es escribir sobre el respeto “a los derechos humanos y a los derechos de la Tierra en búsqueda de una convivencia armónica del ser humano con la naturaleza”. ¿Desde cuando la Tierra tiene derechos? Para tener derechos hay que tener inteligencia y libertad de elección, señores. No bromeemos. Los hombres si tenemos derechos y además deberes sobre como explotar y mejorar los recursos de nuestro planeta.

La otra  rareza es dar por buena “la visión contenida en los Objetivos de Desarrollo del Milenio y el compromiso de los líderes para aplicarlos. Representan hoy una hoja de ruta para el desarrollo sostenible y un mundo más equitativo”. ¿No sabe Cáritas que parte de esos objetivos son los mismos de siempre para frenar la natalidad y corromper los valores morales de los países no desarrollados? ¿Ingenuidad, o claudicación ante el Imperio?

En cuanto a la Carta de la Tierra conviene recordar que en la Conferencia de Río+10 (Johannesburgo, 2002) ya se había suprimido el Primer Principio de la Declaración de la Conferencia de Río de Janeiro de 1992 en el que se afirmaba que “el ser humano constituye el centro del desarrollo”.  Mikhail Gorbachov venía  denunciando año tras año ese error de “centrarse en una visión antropológica del hombre”  diciendo que había que ayudar a la humanidad a cambiar esa visión, porque se necesitaba hacer la transición de la idea del hombre como rey de la naturaleza a la convicción  de que el hombre “solo forma parte de ella, como otros seres”. Añádase la Declaración en la que la ONU aprobó las reivindicaciones para que la Tierra fuese llamada Madre Tierra, (22-4-2009) y ya vamos minimizando a los seres humanos para lo que se les ocurra después.

Como aperitivo para la propia conferencia Río+20,  el  13 de junio hubo allí varias reuniones favoreciendo ese proyecto de alienación del hombre. Citaré sólo algunas: la mesa redonda organizada por la Secretaría de la Carta de la Tierra Internacional, las organizaciones para la implantación de una “religión universal” tales como la Earth Charter Internacional; el Center for Environment Education; el Forum on Religion and Ecology at Yale University; Jacob Soetendorp Institute for Human Values, y otras.

El 15 de junio, Soka Gakkai Internacional, secta neobudista promotora de la Carta de la Tierra, y el Gobierno de la Ciudad de Río de Janeiro, presentaron en conjunto la exposición itinerante, pura propaganda de la Carta de la Tierra, Semillas del Cambio.  También el 15 de junio, se presentó la llamada Red Carta de la Tierra Brasil. Figura principal de este evento: Leonardo Boff, comisionado de la Carta de la Tierra.

Boff  dijo allí que “la Carta de la Tierra es fruto de una gran consulta, y que nació del grito de la Tierra, de abajo, de los quilombolas, negros, indígenas, universitarios, del pueblo, y parece que tiene algo del Espíritu Santo también en ella” (¡¿?!) Dudo de como anda la salud mental de este ex–fraile, viejo adalid de la hoy moribunda teología de la liberación, pero para muchos, entre los que me cuento, todo eso es pura burbuja ideológica para mentes subdesarrolladas. Somos muchos los que sabemos que el hombre es el único ser libre de nuestro planeta y además (si no les irrita demasiado a los ateos de ese montaje  fraudulento) pensamos que es el rey de la creación por designio divino. Y mientras no surja un chimpancé que componga sonetos, una vaca que arbitre un partido de fútbol o un hipopótamo que organice una exitosa empresa, seguiremos pensando igual.