Pasión por la Verdad en Benedicto XVI

Luis Fernández Cuervo | Sección: Religión, Sociedad

Hoy cumple 85 años el Papa Benedicto XVI. A esa edad en que otros ancianos gozan de su tranquila jubilación, cultivando su huerto, su jardín o sus hobbies, este teólogo de mente abierta a todo saber, carga con la penosa tarea, al timón de la “Barca de Pedro”, de dirigirla sin naufragar y a contra corriente entre los altivos oleajes de la cultura atea.

En medio de un mundo donde imperan con fuerza las peores mentiras, Benedicto XVI es un hombre apasionado por la verdad. No sólo por las verdades de fe, sino muy incisivamente por las verdades de razón. Benedicto trata de mostrar al mundo que entre la fe cristiana y la razón natural no hay oposición sino apoyo mutuo.

En  Inglaterra, en su discurso en Westminster Hall dejo asombrados a todos cuando dijo que el papel de la religión no es proponer soluciones políticas concretas, sino que: Su papel consiste más bien en ayudar a purificar e iluminar la aplicación de la razón al descubrimiento de principios morales objetivos”. Esto no ha sido bien entendido siempre, “en parte debido a expresiones deformadas de la religión tales como el sectarismo y el fundamentalismo”. Esto ocurre cuando se presta una atención insuficiente al papel purificador y vertebrador de la razón respecto a la religión. Se trata de un proceso en doble sentido. Sin la ayuda correctora de la religión, la razón puede ser también presa de distorsiones, como cuando es manipulada por las ideologías o se aplica de forma parcial en detrimento de la consideración plena de la dignidad de la persona humana”.

Una verdad decisiva es la virtud de la Justicia y su vertiente en el Derecho y este Papa alemán no tembló en decirles  a todos los alemanes palabras muy fuertes y nada menos que en el Bundestag (el Parlamento). “El éxito puede ser también una seducción y, de esta forma, abre la puerta a la desvirtuación del derecho, a la destrucción de la justicia. «Quita el derecho y, entonces, ¿qué distingue el Estado de una gran banda de bandidos?», dijo en cierta ocasión San Agustín. Nosotros, los alemanes, sabemos por experiencia que estas palabras no son una mera quimera. Hemos experimentado cómo el poder se separó del derecho, se enfrentó contra el derecho; cómo se ha pisoteado el derecho, de manera que el Estado se convirtió en el instrumento para la destrucción del derecho; se transformó en una cuadrilla de bandidos muy bien organizada, que podía amenazar el mundo entero y empujarlo hasta el borde del abismo. Servir al derecho y combatir el dominio de la injusticia es y sigue siendo el deber fundamental del político”.

Cuando el Papa actual era solo Joseph Cardenal Ratzinger en su libro “Cooperadores de la verdad” escribió: “Buena parte de la antropología moderna concibe al hombre como mono desnudo, rata pérfida, destructor de la naturaleza o como simple producto de la herencia y del azar, incurriendo en un reduccionismo miope inhábil para dar cuenta de las dimensiones genuinas de lo humano, cuya gravedad se aprecia con fuerza creciente en las variadas formas de degradación y envilecimiento de que es objeto el hombre contemporáneo. Semejante desenfoque, que lleva a identificar, como ha hecho Sartre, el infierno con el otro, o a definir al hombre como «robot ciegamente programado para la conservación de moléculas egoístas», es una manifestación de la crisis de nuestra época, cuyo núcleo fundamental se halla en la renuncia a la verdad”.

Si no se aceptan las verdades de razón, las que una mente libre debe buscar y puede encontrar, entonces como escribía Goya, el genial pintor español, en uno de sus grabados mas famosos, “El sueño de la razón produce monstruos”.

Monstruos de la razón fueron la Revolución Francesa, el Nazismo, el Marxismo y ahora lo es la Cultura de la Muerte. Y nuestro gobierno ¿se enfrenta a esa cultura destructiva o la sigue  dócilmente?