Ignorancia
P. Raúl Hasbún | Sección: Política, Religión, Vida
Mientras Jesús agonizaba en la cruz, repetía constantemente: “Perdónalos, Padre, porque no saben lo que hacen”. En la historia del Derecho procesal no deben abundar casos como éste, en que la víctima, presa de indecibles tormentos, se adelanta a exculpar a sus victimarios y les proporciona el argumento absolutorio. Después de Pentecostés, colmado del Espíritu de su Maestro, también Pedro dirá a la multitud: “bien sé que ustedes y sus jefes hicieron morir al Santo y al Justo, por ignorancia”.
Es cierto, la ignorancia invencible (la de quien no tiene cómo saber o siquiera sospechar que está trasgrediendo una ley) es al menos motivo de exculpación moral y debe ser ponderada en un proceso penal. Pero exonerar de culpa al ignorante no previene ni remedia el daño letal que su ignorancia provoca. Saber es poder. No saber es no poder. La ignorancia nos condena a la impotencia. La ignorancia crucificó y dio muerte al Justo. Hay una relación directa, de causa a efecto, entre la ignorancia y la vida, la ignorancia y la muerte.
Nuestros senadores estuvieron a tres votos de aprobar la idea de legislar a favor del aborto, es decir, de autorizar la eliminación directamente querida de un ser vivo perteneciente a la familia humana. Quienes propiciaban esta legalización de un homicidio calificado ignoraban que, constitucionalmente, el embrión es persona desde el momento de la concepción y, en tal calidad, acreedor a la protección por ley de su derecho a la vida y a la integridad física y síquica. Ignoraban la evidencia biogenética de que a partir de la fecundación del óvulo se ha formado ya una nueva vida, dotada de un código único que posee ya virtualmente todo lo que ella será. Si no es humana y si no es persona desde ese momento, nunca lo será. Su valor intangible de miembro vivo de la especie humana no depende en absoluto de su visibilidad, tamaño, robustez o debilidad, forma u oportunidad en que fue concebido. Ignorar esa intangibilidad del derecho a la vida de un ser inocente desde su concepción es ignorar en forma crasa el principio de no discriminación. ¿Es creíble hoy, en Chile, que un legislador ignore ese principio y ponga, su ignorancia supina, al servicio de la autorización legal para matar a un inocente?
Un número significativo de senadores que votaron a favor del aborto e incluso propiciaron sus propios proyectos abortivos se confiesan católicos. ¿Ignoran ellos que su conducta de cooperar formalmente con su voto a la aprobación de una ley que faculta para eliminar decenas de miles de vidas inocentes está penada por su Iglesia con excomunión automática? ¿Han leído “El Evangelio de la Vida”? ¿Conocen el Catecismo? Salgan de su ignorancia letal. Busquen asesoría competente. Fondos para asesorarse, tienen.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente por Revista Humanitas, www.humanitas.cl.




