Sacar las castañas…
Max Silva Abbott | Sección: Educación, Política, Sociedad
El conflicto estudiantil parece haber quedado en un punto muerto, luego del quiebre de la mesa de diálogo. Esto ha hecho que el gobierno insista en los proyectos de ley que ha preparado con motivo del mismo, y que los estudiantes rechazan.
Pese a lo anterior, este movimiento social ha logrado poner en el tapete un cúmulo de materias relativas a la educación chilena, que seguramente no habrían surgido de no ser por él. Ese sólo hecho ya constituye un gran triunfo para el mismo. Y si bien no satisface todas sus demandas, debe tenerse en cuenta que en cualquier negociación, las partes deben estar dispuestas a ceder en algunos puntos, a fin de llegar a un acuerdo; si no, no vale la pena siquiera intentarlo.
Por eso parece absurdo pretender no ceder en nada. Tómese en cuenta, además, que la vía por la cual se ha llegado a este estado de cosas ha sido claramente ilegal, contraria a la institucionalidad, pretendiendo incluso saltarse al mismo Congreso.
Sin embargo, para intentar comprender dicha actitud, debe tenerse en cuenta que este movimiento social, si bien partió su arremetida con materias referidas a la educación, pronto “enriqueció” su petitorio con un cúmulo de aspectos que poco o nada tienen que ver con ella, y que en el fondo, pretenden cambiar el modelo económico y político de nuestro país. Por eso puede hablarse de una auténtica revolución a este respecto; no del tipo clásico, sino con bastante menor grado de violencia, y que utiliza las redes sociales y la prensa para proyectar sus demandas.
Ahora bien, aun cuando se diga usualmente que la juventud es idealista, lo que no parece lógico es que ella, que aún no ha sido formada –no son profesionales o técnicos, ni tampoco han tenido las experiencias propias de la vida adulta– pretenda modificarlo todo según su criterio, por razones evidentes. Ya podrán plantear sus demandas cuando se hayan ganado su puesto en la sociedad (político, económico, cultural, etc.) como cualquier ciudadano.
Sin embargo, debe tenerse presente que varias de estas demandas que buscan un cambio global –algunas francamente exorbitantes– no sólo continúan ahí, sino que su formulación ha requerido de mentes bastante preparadas. Ahora bien, ¿qué significa esto?
En el fondo, ello quiere decir que diversos sectores políticos, ligados sobre todo a la extrema izquierda, aunque también a partes de la Concertación que se le han sumado (con lo cual, implícitamente están criticando su propia gestión de los últimos 20 años), aprovechándose de –o tal vez creando– algunas de sus demandas, han instrumentalizado el movimiento estudiantil, a fin de generar esta especie de revolución. Así, por vías no institucionales, han buscado “sacar las castañas con la pata del gato”, como suele decirse, utilizándolos como punta de lanza para intentar cambiarlo todo.




