La alegría de ser católico

Gonzalo Carrasco | Sección: Religión, Sociedad

En Plaza Italia, simbólico lugar santiaguino, tuvo lugar la marcha “La alegría de ser católico” el pasado 15 de octubre. El evento, que buscó reunir al mundo católico chileno para manifestar alegremente su fe, tuvo un rotundo éxito, llegando a convocar a la caminata alrededor de 40 mil personas.

Este evento, que viene a ser un reflejo de lo que fue la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid, es un fiel testimonio de que el catolicismo en Chile sigue siendo parte de nuestra esencia como nación, y que una de sus positivas consecuencias es la “alegría”.

La fiesta no hizo diferencias, y participaron personas de diversas partes de Santiago, de diversas edades y carismas, en familia y en grupos de amigos. El motivo central de reunión era simplemente uno, Jesucristo, y la alegría de ser hijos de la Iglesia Santa que Él mismo fundó.

El mismo Benedicto XVI mandó sus saludos desde Roma con ocasión de este gran evento, a través de una carta enviada por el Cardenal Tarcisio Bertone (secretario de Estado de su Santidad) señalando que “el gozo que nace de haber encontrado a Cristo se transforme en una fuerza misionera, que toque el corazón de los hombres, suscitando en ellos el deseo de descubrir a Dios y conducir una vida dichosa según su voluntad”.

Desde la Plaza Italia hasta la Iglesia San Francisco empezaron la caminata los fieles en torno a lienzos y símbolos que identificaban a sus comunidades, en conjunto con las batucadas. Las oraciones a la Virgen eran sostenidas a medida que se avanzaba. También personas en zancos con vestimentas de ángeles y grupos de bailes religiosos participaron en el centro de Santiago para manifestar gozosamente su fe.

Era un verdadero carnaval que cumplía su objetivo: mostrar la alegría que produce el conocer a Cristo. Era el gozo profundo que produce el Amor, similar al gozo que sentía el rey David cuando dejaba el palacio para salir a danzar de alegría por amor a Dios.

En la Iglesia San Francisco el encuentro tuvo su desarrollo y final. Se contó con la presencia de Mons. Ricardo Ezzati, de Mons. Cristián Contreras Villarroel, Obispo Auxiliar de Santiago, monseñor Héctor Gallardo, Vicario General de Pastoral y el cardenal Francisco Javier Errázuriz. El show estuvo marcado igualmente por cantantes católicos como Romina González, Tere Larraín y los Hermanos Valdivia.

Las palabras del arzobispo de Santiago a los miles de católicos presentes fueron de gran motivación para continuar con el evento. “Queridos amigos: Con una alegría muy grande en el corazón los saludo a todos y todas y agradezco que un grupo de jóvenes haya tenido la iniciativa de convocarlos a este encuentro que quiere manifestar lo que hay en el corazón de cada católico: la alegría de sentir que Jesús está con nosotros y Él es nuestro pastorLos obispos reunidos en Aparecida nos han dicho que el gozo más grande que tenemos los católicos es haber encontrado a Jesucristo y que la alegría más grande es poder comunicarlo a los demás. Ustedes son testigos de que haber encontrado a Jesucristo llena el corazón de felicidad y yo quisiera invitarlos a ser misioneros para anunciarlo a todas las personas de nuestra ciudad”.

Así, con el corazón lleno de alegría luego del mensaje de Mons. Ezzati, se prosiguió, esta vez con las canciones de los diversos artistas invitados, demostrándole al país que es posible hacer una marcha cálida y sin destrozos.

La alegría es un estado interior fresco y luminoso, generador de bienestar general, de altos niveles de energía y una poderosa disposición a la acción constructiva, que puede ser percibida en toda persona, siendo así que quien la experimenta, la revela en su apariencia, lenguaje, decisiones y actos. Es esto lo que siente el católico en el descubrimiento íntimo de lo que significa ser hijo de Dios, hermano de Cristo e hijo de la Santa Iglesia Católica.

El lema “la alegría de ser católico” y el exitoso desarrollo de la camina demuestran que el gozo católico no se acaba. Demuestran que existen miles de católicos dispuestos a luchar contra los males de la sociedad, a luchar a favor de la vida, a favor del matrimonio y la familia. Una lucha que debe llevar adelante con un testimonio de fe y de alegría, tal como el sábado pasado.