Lo bueno del sistema

Max Silva Abbott | Sección: Educación, Política, Sociedad

Como se sabe, este sábado se reunirán el Presidente de la República junto al Ministro de Educación y otras autoridades, con los dirigentes del movimiento estudiantil que ha tenido convulsionado al país durante ya largos tres meses. Es de esperar que algo bueno salga de aquello, aunque la cosa no se ve tan fácil, entre otras, por dos razones: primero, debido a la absoluta intransigencia de los estudiantes, que incluso han condicionado el diálogo a diversas exigencias de tipo político; segundo, porque si no se llega a acuerdo, ya no se me ocurre con quién más podrían hablar, al ser el Presidente el Jefe de Estado. Es por eso que esta discusión debiera haberse llevado a cabo en el Congreso.

Ahora bien, pese a que para muchos cualquier educación que no sea estatal sería nefasta, o que a lo sumo, en caso de ser realizada por particulares, debiera, para ser legítima, llevarse a cabo “sin fines de lucro”, creo oportuno recordar algo muy positivo de nuestro actual sistema de educación superior privado: las grandes oportunidades que ha ofrecido a miles de personas.

En efecto, a mediados de los 80, recién estaban apareciendo las universidades privadas. Ello significaba que la oferta de carreras era muchísimo menor que hoy, situación que hacía que sólo unos pocos privilegiados pudieran estudiar, lo cual claramente vedaba las posibilidades de miles y miles de personas, que querían optar a un futuro mejor.

Sin embargo, poco a poco las universidades privadas fueron abriéndose camino, al punto que en la actualidad, las hay de todas clases. Ahora bien, pese a las críticas que ahora se hacen ¿han sido tan malas para el país?

La verdad es que no. ¿Por qué? Porque su existencia logró multiplicar la oferta de carreras, masificando la educación superior como nunca antes se había hecho en Chile. Esto le ha permitido a miles y miles de familias acceder por fin a la misma. Estamos claros que la actual situación requiere ajustes, entre otras cosas, para evitar la saturación de carreras y lograr asegurar estándares mínimos de calidad; pero si algo ha permitido este “perverso” sistema, es que para muchos se abran horizontes que estaban absolutamente vedados para sus padres. Como profesor universitario, conozco varios casos que lo prueban.

En suma, esto demuestra que se trata de un buen mecanismo de movilidad social. Estamos claros que en muchas situaciones las familias hubieron de hacer un esfuerzo económico titánico para lograrlo; pero también debe recordarse que era eso o nada, ya que con el sistema antiguo, sencillamente, no había más alternativas que las pocas universidades existentes.

Por tanto, pese a que todo es perfectible y que debemos luchar por lograr más igualdad de oportunidades, la realidad de nuestro país cambió radicalmente, mejorando sobremanera para muchas personas, lo que a todas luces, es injusto desconocer.