Mil noticias de Dios

Luis Fernández Cuervo | Sección: Religión, Sociedad

Es una pena que un buen periodista como es Carlos Alberto Montaner diga que no hay noticias de Dios. Malo es que las busque en la física y peor que lo haga de la mano de Stephen Hawking, ya refutadas sus razones ateas por un montón de científicos. Y mucho peor ese tonillo de universalidad que Montaner pretende darle a su agnosticismo, como si nadie supiera nada de Dios con certeza. Triste cosa porque a lo mejor su cocinera o la vendedora de la esquina podrían darle vivencias muy sabrosas de Dios.

Ya expliqué varias veces las trampas del lenguaje de los materialistas como Hawking. No voy ahora por esa vía. Prefiero ir por la belleza y por la certeza vivida de la fe.

A mí, como a muchísimos otros, Dios nos es muy cercano y tenemos  millones de noticias, a diario, de Él. Le encontramos, mirando de noche el firmamento estrellado o entrando en esos programas de Internet donde se suceden y giran ante nuestros ojos inmensas galaxias en espacios inmensos. Universo grandioso que para Dios es menor que la bolita de colores que fascina a un niñito de pocos años. Nos basta extasiarnos con la belleza incomparable de un pájaro, de una flor, o de un simple tallo de yerba. La inteligencia, la belleza, la vida de los seres, hablan de Dios a quien sabe escuchar.

Bien dijo ya San Agustín: «Interroga a la belleza de la tierra, interroga a la belleza del mar, interroga a la belleza del aire amplio y difuso. Interroga a la belleza del cielo, interroga al orden de las estrellas, interroga al sol, que con su esplendor aclara el día; interroga a la luna, que con su claridad modera las tinieblas de la noche. Interroga a las fieras que se mueven en el agua, que caminan sobre la tierra, que vuelan en el aire: almas que se esconden, cuerpos que se muestran; visible que se deja guiar, invisible que guía. ¡Interrógales! Todos te responderán: ¡Míranos: somos bellos! Su belleza les da a la fe conocer. Esta belleza mudable ¿quién la ha creado, sino la Belleza Inmutable?»

Bien dijo Benedicto XVI  “¿Qué es la belleza, que escritores, poetas, músicos, artistas contemplan y traducen en su lenguaje, si no el reflejo del esplendor del Verbo eterno hecho carne?” Y ha vuelto a repetirlo ante la belleza de la Basílica creada por Gaudí en Barcelona: “La belleza es también reveladora de Dios porque, como Él, la obra bella es pura gratuidad, invita a la libertad y arranca del egoísmo”.

También la existencia tan abundante del mal en nuestros días, en las personas y las instituciones olvidadas o enemigas de Dios, existe, por contraste, noticias de Él. Allí donde abunda la mentira, la violencia, el odio, el crimen, la desesperación, todo eso dibuja, en su vacío, la silueta del ausente Dios.

Huye Montaner buscando a Dios en las complejas razones de los astrofísicos. No se vaya tan lejos. Tampoco le eche la culpa a la razón, porque ésta y la historia, aportan miles de noticias, sólidos “criterios de credibilidad”. La razón no contradice a la fe cristiana; la apoya y la acompaña. Pero, eso sí, no la sustituye. Dios quiere que le encontremos por la fe y no se la niega a nadie que se la pida con humildad.

Hace tiempo que Dios vino a nosotros y su nombre es Jesús. ¿No le convencen, Montaner, las “razones” de sus milagros? ¿Tampoco la de su resurrección? ¿Acaso Jesús de Nazaret fue un loco, un embustero, un iluso o alguno como esos pastores que transforman el evangelio en un colosal negocio? ¿Por qué aquellos sus rudos seguidores que huyen como conejos ante el patente fracaso de la Cruz sufren, después de Pentecostés, el cambio heroico que les llevará a atestiguar la resurrección de Jesús hasta el martirio? ¿Tampoco son noticias valederas su testimonio y la difusión universal del “disparate” del Evangelio?

Noticias sobre la verdad del Verbo encarnado, sobre Jesús, ocurren cada día. Noticias sorprendentes que rompen las leyes de la naturaleza. Ahí están los milagros de Lourdes o los tremendos del Padre Pío. Pero también están esos milagros de la Gracia, a veces silenciosos, a veces espectaculares. Pregunte a franceses como Alexis Carrell, Paul Claudel, André Frossard; a ingleses como G.K.Chesterton, Evelyn Waugh, Elizabeth Ascombe o Alec Guiness; a los italianos Vittorio Messori, Leonardo Mondadori o Alessandra Borghese; a los españoles Manuel García Morente, María Vallejo-Nájera o Juan Manuel de Prada. Son todos esos, y muchos más, que vienen de la oscuridad y estrenan  ahora la alegría, la paz y la salud de la amistad con Dios.