Cosas del fúbol
José Luis Widow Lira | Sección: Política, Sociedad
El equipo jugó magnífico. Dio espectáculo. El ritmo del juego fue vertiginoso. Algunas jugadas, bien hilvanadas, fueron casi de antología. Simplemente faltó el gol. Y si no fuera por ese autogol de último minuto, absolutamente desafortunado en una jugada innecesaria, el partido, en la que nadie sabe por qué todos a la vez se desaplicaron y perdieron la concentración, por lo menos se hubiese empatado. ¿Cómo es posible que pase una cosa así? Cosas del fúbol.
La elección de Mayne-Nicholls hace algunos años pareció darle nuevos aires a una actividad que, para el lego que gusta del fútbol, aparecía como gastada por rencillas, deslealtades e indisciplina a todo nivel. Una selección nacional conformada por algunos maleducados que no sabían comportarse con un mínimo de civilización en los hoteles, aunque no todos ellos. Algunos seleccionados farreros. Algunos seleccionados que no respetaban a su entrenador y un entrenador que no se hacía respetar. Clubes que oponían dificultades a la selección y una selección que tampoco pensaba en los clubes. Clubes quebrados, que a veces no pagaban el sueldo a sus jugadores, que no cumplían con el deber de pagar las imposiciones, etc. Dirigentes… ufff, dirigentes que siempre estaban con rencillas causadas por intereses egoístas, pequeñeces, incapacidad de mantener la palabra empeñada. Dirigentes que hacían todo, en el mejor de los casos, con falta de seriedad.
Todo esto pareció cambiar cuando, en un ataque de cordura, la dirigencia eligió como presidente de la ANFP a Mayne-Nicholls. Las cosas se hicieron más seriamente. Se hicieron planes a largo plazo para que las cosas resultaran mejor. La cara pública de eso fue la selección nacional. Se trajo a un entrenador que, insoportable de genio, sin embargo era serio para trabajar, impuso respeto, trabajo bien hecho y disciplina entre los jugadores. Y los resultados fueron positivos, no sólo porque se ganó más que se perdió, sino porque la sensación que dejaba la selección era que el proceso –bendita palabra– era serio y sacaba lo mejor de los jugadores, no sólo en el terreno de la técnica futbolística, sino también en el humano: no más farras, ni insolencias, ni comentarios desubicados, ni indisciplina. Y el que se mandaba un numerito, chao. Al menos por un período. Resultado: un país gozando con su selección.
Pero es fútbol y la maravilla trocó en desastre. Si alguien hace un par de meses hubiese sido interrogado acerca del futuro del fútbol, probablemente no hubiese imaginado nada tan malo como la situación actualmente existente. Casi todo mal. Desde el Presidente de la República hasta los dirigentes. Incluido Mayne-Nicholls, y Bielsa. Los que en esta pasada no han hecho burradas son los jugadores, que se han mantenido en un prudente segundo plano.
Partamos por Bielsa. Sin lugar a dudas un buen entrenador, aunque ese aire de hombre sabio, era algo difícil de tolerar. Pero podemos perdonárselo, porque la adulación y endiosamiento al que fue sometido, en otra persona, probablemente, hubiese producido aun mayores estragos. Pero ya no se le puede perdonar cuando por razones ideológicas comienza a cometer groserías más grandes que cualquiera de las que cometían sus dirigidos previamente a su benéfica influencia. No saludar al Presidente de la República no sólo es una grosería con una persona, sino con un país. Un tipo educado, sobre todo si es extranjero, no hace lo que hizo Bielsa. Si me preguntan a mí, en ese momento tendría que haberse ido. Habría que haberle aplicado la misma receta que él uso con sus dirigidos indisciplinados: chao. Nadie es indispensable. Y si ese nadie además es un grosero, chaoooooo, chaoooooo (póngale usted la entonación correspondiente).
Mayne-Nicholls tampoco puedo evitar cruzar algunas de sus manifestaciones públicas con sus compromisos ideológicos. Un dirigente que parecía de lujo, mostró su cara fea. Y si es cierto, por ejemplo, que el Presidente fue informal para hacer una invitación, Mayne-Nicholls ocupó la misma moneda para responder. A mal educado, mal educado y medio pareció ser su receta. Por qué. Porque el Presidente no era afín a sus ideas políticas.
Probablemente esos desatinos de Mayne-Nicholls y de Bielsa colmaron un vaso de paciencia de muy pequeño tamaño en el Presidente y sus adláteres. Un pequeño gustito político, ayudó a desatar una tormenta. ¿Habrá aprendido Mayne-Nicholls que esos gustitos no son de dirigente responsable? Probablemente no. El asunto es que, así las cosas, aparentemente, a esos asesores presidenciales del rango que sea se les ocurrió la brillante idea –con mucho winter ja, oje (pronúncielo como alemán)– de que Mayne-Nicholls no debía seguir al mando del fútbol. Había que levantar otras candidaturas y vencerlo en las elecciones. Eso, al grupo de dirigentes que no habían podido satisfacer adecuadamente sus intereses particulares, porque las cosas se estaban haciendo en beneficio de todo el fútbol, les venía de perillas. Las platas del canal del fútbol son muchas y se trataba de agarrar lo más posible. Los “grandes” no estaban agarrando todo lo que querían. Mayne-Nicholls era un obstáculo para eso. Qué mejor que desbancarlo. Había que encontrar un polluelo que fuera a la arena. ¿Bloise? Finalmente, bendito él, no se prestó para el juego, Segovia sí. Probablemente sin entender mucho en lo que se estaba metiendo. Para colmo de males, uno de los socios principales de los equipos grandes era el Presidente de la República. Porfiado el hombre. Se le recomendó hasta la saciedad que vendiera sus acciones. Pero no. Colo Colo no. Resultado, política, intereses económicos y fútbol todo mezclado. Receta explosiva, que por supuesto explotó en la cara del Presidente. Si me preguntan a mí, aunque es sólo olfato, creo que la idea de sacar a Mayne-Nicholls obedeció más a cuestiones políticas que a otras económicas. De verdad no creo que Piñera haya estado pensando en el retiro de utilidades o en el precio de la acción. Pero si los intereses económicos estaban entre medio era una imprudencia gigante meter siquiera la nariz, mucho más aún si es cierto que no fue sólo la nariz. Y otros dirigentes, aparentemente recuperaron rápidamente sus costumbres de siempre: egoísmos, intereses particulares satisfechos en desmedro del bien común, palabras empeñadas no cumplidas, al menos, según el decir perfectamente verosímil de Mayne-Nicholls.
Resultado de todo esto: Caos total. Selección nacional sin entrenador. Aun sin reemplazo. Situación muy precaria e inestable para el futuro entrenador y para el proceso que quiera desarrollar. Si los resultados no lo acompañan del principio será Troya. Caerán cabezas. Una ANFP sin cabeza. Una dirigencia en la que los grandes aparentemente podrán sacar la mejor tajada en desmedro del bien común. Pero hay más: ¿qué va a pasar ahora cuando tengan que prestar jugadores a la selección viendo dañado su bien particular? No será raro si vemos desencuentros en este terreno contrarios a cualquier intento de trabajo serio. Un Presidente que después de hacer las cosas “a la chilena” en el norte, en el nuevo sentido de la expresión, pareciera ahora hacerlas “a la chilena” en el viejo sentido de ella. Siendo él mismo el primer damnificado. En fin, para qué seguir. ¿Habrá que acostumbrarse de nuevo a una selección que correrá con desgano detrás de una pelota con la que, poseída, no se sabrá qué hacer?
La pregunta de todos es cómo todo esto, inimaginado e inimaginable pocos meses atrás, pasó. Cómo, un partido que no sólo se empataba, sino que se ganaba jugando bien, bonito y con efectividad, se perdió en los últimos minutos con autogoles de casi todos los jugadores implicados. Si… ya sabemos: cosas del fúbol. Pero ojalá que esta vez haya alguna respuesta más.




