Calumnia, que algo queda

Jesús Colina | Sección: Religión

Si usted ha leído, en estos días pasados, los periódicos, probablemente habrá caído en sus manos un artículo en el que se afirmara que la Justicia belga ha encontrado en el brutal registro  del Arzobispado de Malinas-Bruselas (se violó incluso tumbas de dos cardenales), del 24 de junio, documentos que relacionan a la Iglesia con el pederasta y asesino en serie Marc Dutroux. La noticia la puso en circulación, el 6 de julio, el diario flamenco Het Laatste Nieuws.

El caso Dutroux suscitó el mayor shock nacional en Bélgica desde la Segunda Guerra Mundial. El juicio fue seguido por todos los medios de comunicación del mundo en 2004. A raíz de una serie de defectos en la investigación, se generó un descontento generalizado contra el sistema de seguridad y de justicia, con la subsiguiente reorganización de los servicios de seguridad belgas. Los errores provocaron la sensación de que Dutroux, que asesinó  a seis niñas y adolescentes de edades entre los 8 y los 19 años, de las cuales cuatro fueron asesinadas, entre 1995 y 1996, pudo actuar gracias a complicidades de personas colocadas en máximos niveles. Seis años después, los medios implican en el caso al cardenal Godfried Danneels, de 77 años, arzobispo emérito de Malinas-Bruselas. El prelado fue interrogado durante diez horas, en las oficinas de la Policía Judicial Federal de la capital, y de este modo la acusación cobró fuerza, convirtiéndose casi en certeza. El 7 de julio, sin embargo, la Fiscalía de Bruselas tuvo que aclarar que no existen acusaciones contra el cardenal, y que los documentos sobre el caso Dutroux, en realidad, no eran más que dos DVDs que, “desde hace tiempo, circulan, entre otras cosas, por las Redacciones de la prensa”. Los famosos documentos eran archivos digitales enviados por una revista. La Fiscalía reconoció que Het Laatste Nieuws publicó la acusación basándose en información parcial y manipulada, filtrada por personas ligadas a la investigación.

La archidiócesis de Bruselas, a través de su abogado, ha enviado una carta con preguntas muy concretas, que por el momento no han tenido respuesta: “¿La información procede de personas encargadas de la investigación? Si es así, ¿por qué se han hecho públicas?”, comienza. “Sería lamentable que una información bajo el secreto profesional y el de la instrucción haya sido comunicada voluntariamente a la prensa por personas ligadas a la investigación para causar sensación”, deplora el abogado en la misiva.

No ha sido la única violación sesgada e interesada del secreto de instrucción. El también diario flamenco (la procedencia ya no parece casualidad) Het Nieuwsblad fue citado por los medios de comunicación de todo el mundo, al publicar que los investigadores habían encontrado material pornográfico en el ordenador confiscado al cardenal Danneels. Horas después, el fiscal aclaró que el material era una foto que se descarga automáticamente al visitar una de las páginas de información más leídas en Bélgica, la web de la radio-televisión VRT. No hubo, pues, intervención voluntaria por parte del purpurado.

La cuestión, sin embargo, es que todas las difamaciones son inmediatamente reproducidas por otros medios, ¿pero qué pasa después con las aclaraciones y los desmentidos? En esta batalla de imagen contra la Iglesia, los hechos son siempre lo de menos.

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por Alfa y Omega, www.alfayomega.es.