Libertad sin verdad
Max Silva Abbott | Sección: Sociedad
Recientemente, en un muy concurrido centro comercial, me topé con la provocativa publicidad de un perfume, en que para promover sus sin duda afrodisíacos atributos, se exhibían en múltiples y estratégicamente ubicados carteles, varios esculturales desnudos, cuyas poses y actitudes hacían completamente innecesario tener mucha imaginación para captar el resto de su mensaje.
Y claro, si lo que se quería era llamar la atención, claramente tuvieron éxito. Sin embargo, tal vez lo que más me molestó era pensar en el efecto que tales fotografías provocarían en los adolescentes y en particular, en los niños, que a tan tierna edad, se ven expuestos a este bombardeo de sexo para el cual no están preparados, al no tener su criterio formado y al menos, poder mirar para otro lado.
En realidad, el problema es más grave de lo que parece, pues con esta y otras muchas actitudes, estamos moldeando a nuestros niños y jóvenes; en suma, a la próxima generación, que como resulta obvio, debe ser protegida en sus primeros años, a fin de que se forme de una manera mínimamente óptima.
Mas parece que el lucro de algunas empresas y varios publicistas pueden más que el sentido común. Lo cual resulta curioso, porque al mismo tiempo que en vastos sectores se pone el grito en el cielo por escenas de violencia, o se intenta proteger a los menores impidiéndoles la compra de alcohol o de cigarrillos, pareciera que en lo que a sexualidad se refiere, debiera darse todo lo contrario, y mientras antes se los exponga a su mensaje, mejor.
En el fondo, esta es una manifestación más de aquella nociva corriente que pretende ejercer la libertad al margen de la verdad, de lo que las cosas y el hombre mismo son. ¿Cómo no comprender que si en un adulto situaciones como ésta pueden producir una fuerte impresión, en los niños y jóvenes será mucho mayor?
En realidad, a veces da la impresión que lo que se quiere es precisamente esto: corromper desde la más tierna edad. Es que tal vez están buscando futuros clientes del lucrativo mercado del sexo (pornografía, prostitución, anticonceptivos, etc.), sin darse cuenta que los costos asociados a esta temprana contaminación son muchísimo mayores que sus pingües beneficios inmediatos: desde muertes y enfermedades producidas por las enfermedades de transmisión sexual, hasta vidas sin rumbo fijo, al ser incapaces de adoptar compromisos maduros y definitivos; desde familias destrozadas, con las subsecuentes consecuencias para los niños, hasta abortos en masa.
Son algunas de las consecuencias de pretender una libertad al margen de la verdad. A fin de cuentas, y más allá de las creencias religiosas que se tengan, somos seres finitos, limitados, y resulta más que claro que todo lo que hagamos, nos guste o no, terminará afectándonos, para bien o para mal.




