La mirada del ser que observa desde el reflejo del espejo

Iván Matías Irarrázabal | Sección: Nos han escrito

La consigna de que somos únicos e irrepetibles los científicos han intentado hacerla desaparecer desde hace un tiempo. La investigación de la clonación tienen como primer antecedente la famosa y conocida por todos: “oveja Dolly”, desde ese momento bien recuerdo como se remecieron las fuerzas de opinión social al generar la controversia bioética en que si era posible clonar a un ser humano, y de ahí las posibles temores inmersos en la conciencia colectiva afloraron, temores que se han alimentado por la tradición de la ciencia ficción principalmente en el cine y televisión. (Recordemos por ejemplo la teleserie brasileña el clon, que de alguna forma puso el tema en boga). No obstante que el producto de estas investigaciones, que es ser clonado, sea cuestionado, también lo ha sido la forma como se lleva a cabo, específicamente lo que tiene relación a la clonación a partir del uso de las células madres. Dichas células tiene la virtud de regenerar cualquier parte de nuestro organismo, lo cual hacen que sean efectivas para eventuales regeneraciones de personas discapacitadas por la falta de algún miembro. El problema bioético es la forma de obtener este verdadero tesoro de la inmortalidad, que es el sacrificio de embriones para extraer dichas células, ya que la razón de su existencia es otorgarle a la futura persona sus órganos esenciales para constituirse como un ser completo. Actualmente se han hecho investigaciones en roedores de modo de extraer células madres a partir de la piel. El panorama no deja de ser la auténtica concreción de la instrumentalización de la persona, me imagino que en unos años más el ir a un mecánico no distará de ir al médico, ya que tendremos repuestos de nuestros órganos, ya que se habituara la costumbre que los padres de los recién nacidos, una vez que la madre lo de a luz, se guardará las células madres en un congelador, una suerte de banco de células madres, se usaran y podremos ir consiguiendo cada vez que lo queramos algún brazo o pierna nueva en caso de un accidente. Con el transcurso de los años, se llegará el extremo de perfeccionar los órganos, podremos tener una disposición efectiva de lo que queremos ser, se generarán súper humanos con destrezas físicas insospechadas, el delirio del monstruo frankenstein será una realidad, Mary Wollstonecraft Shelley, ganarán el título académico de pitonisa.

Además estos seres serán predeterminados, de antemano conocerán cuales serán sus enfermedades, y para que tipo de trabajo son más idóneos, también tendrán aspectos propios de los humanos, que son los sentimientos y la creación de ideas, se sentirán discriminados, se tendrán que llegar acuerdos importantes para establecer normas que delimiten sus derechos. El fin, es un desafió para todos los campo del saber, el cual no estamos tan lejos de ser testigos de esta realidad, a pesar de que en el mejor de los casos he exagerado. La conciencia del respeto de la persona humana y de sus derechos es clave, y no hay que dejar de lado a la figura del creador, que va dependiendo de la persona si es creyente o no, pero lo único que me parece convencional destacar que de ser cierto lo esbozado, nosotros estamos efectuando el rol de un dios al crear seres humanos, lo cual se cuestionara si efectivamente lo son o no, y el tiempo del periodo de vida que posean y si es cruel que dicho sujeto conozca a priori el día de su muerte, tal como si fuera un producto del supermercado con fecha de vencimiento. Existe la necesidad en este tiempo que el tema se legisle y se llega acuerdos internacionales para que esto no se vuelva una práctica ilegal, y bajo el amparo de las sombras surjan seres clonados e incluso nos encontremos con la sorpresa con que allá en el mundo hay un ser igual a nosotros, que nos observe con la mirada del ser que observa desde el reflejo del espejo.

Iván Matías Irarrázabal
Estudiante de derecho UNAB Viña del Mar