La demanda abortista
Joaquín Castillo | sábado 4 de agosto de 2018
Parece indudable que —excepto para unos pocos— la demanda de las tres causales fue sólo el primer paso para avanzar hacia el aborto libre.
Parece indudable que —excepto para unos pocos— la demanda de las tres causales fue sólo el primer paso para avanzar hacia el aborto libre.
Hoy nos deben conmover, como nunca antes, los dos principales adjetivos que se quieren adjudicar al proyectado aborto hasta las 14 semanas.
Con razón nos advertía Cicerón que, entre todas las formas de pervertir el Derecho, la más alevosa es la que se envuelve con argumentos compasivos.
Durante años nos resignamos a escuchar la falacia de que a nadie se imponía, sólo se permitía, y muy restrictivamente, abortar. Siempre supimos que era mentira.
Ninguna de las pacientes atendidas por los ginecólogos de la Universidad Católica en esas comunas está en condiciones de escribir una columna protestando por el disparate que significa privarlas de ese beneficio.
Estos “nuevos derechos” se han ido convirtiendo en un arma para sojuzgar posturas contrarias y en el fondo, en un vil instrumento de dominación, contrariando así su verdadero sentido y razón de ser.
La resolución del TC se ajusta plenamente a la Constitución; no así, la de la Contraloría que, al revés, cae en lo que la Constitución prohíbe, cual es la de hacer diferencias arbitrarias.
Triste jornada para la causa de la persona humana y sus derechos en Argentina, al aprobarse en Diputados por unos pocos votos el proyecto de ley despenalización del aborto.
¿Qué diríamos si ante la epidemia de obesidad la única política fuera pedir que los fabricantes de ropa ofrezcan tallas más grandes?
El documento más vilipendiado a nivel mundial del último medio siglo es, al mismo tiempo, el más profético y el que más nos ilustra sobre nuestra época.