El exterminio de los campeones
Juan Manuel de Prada | sábado 26 de mayo de 2018
La desaparición progresiva de las personas con deficiencias psíquicas es una lacra social acongojante, una clara muestra del debilitamiento de nuestra humanidad.
La desaparición progresiva de las personas con deficiencias psíquicas es una lacra social acongojante, una clara muestra del debilitamiento de nuestra humanidad.
Si la PUC y otras instituciones deben retirarse de este servicio, ¿quién atenderá a esas personas? ¿Acaso lo harán los abogados de la Contraloría?
Quienes tienen la experiencia diaria de la atención a pacientes terminales, piden formar a los médicos en cuidados paliativos y dedicar recursos a este sector, porque cuando un paciente esté bien cuidado, no pide la eutanasia.
Nos dará miedo ir al médico, y ya no digamos ingresar en un hospital. Nos parecerá egoísta durar un año más, en vez de hacernos matar antes de ocasionar gastos o molestias.
Frente al encarnizamiento terapéutico, la eutanasia no tiene ningún rol, y lo que cabe es aplicar tratamientos proporcionados según recomienda el estado del arte para cada situación particular.
Este moderno Leviatán devora las almas de nuestros hijos, corrompiéndolas desde la escuela y la prensa sistémica, después de reducir a fosfatina las instituciones que las protegían.
El caso de Alfie y de sus padres es de laboratorio, sí, del laboratorio más cruel que los seres humanos pueden montar con otros individuos de la misma especie.
El grado de civilización de un pueblo no se encuentra en el número de obras de arte que produce, ni en su avance tecnológico, ni menos en su producto per cápita.
Esto no es otorgar autonomía, sino ejercer presión precisamente sobre las personas cuya autonomía se encuentra debilitada.
¿No es acaso una paradoja que en los tiempos en que se endiosa la libertad de elegir, no se permita elegir una opción gratuita, sin contraindicaciones, y claramente saludable como la castidad?