¿Quién paga la cuenta?
Federico García Larraín | viernes 9 de agosto de 2013
Si el Estado, para proteger a la gente de sí misma, limita lo que pueden ofrecer las instituciones financieras, ¿quién limita lo que pueden ofrecer los políticos?
Si el Estado, para proteger a la gente de sí misma, limita lo que pueden ofrecer las instituciones financieras, ¿quién limita lo que pueden ofrecer los políticos?
La necesaria condena moral y jurídica de esta triple profanación debe fructificar en esta positiva reafirmación: la vida, el templo, la conciencia moral son lugares sagrados e inviolables.
El paso de los valores a las virtudes es el paso de la teoría del bien a la práctica del bien, y ese tránsito se da por el puente de los hábitos. Si los valores no se convierten en virtudes, vender valores es vender humo.
Quizá sea mejor decir que somos seres abiertos a mil posibilidades y cambios… El bien y el mal están al alcance de todos. La opción de lo que uno llega a ser se fragua en las decisiones de cada día.
El diagnóstico prenatal se ha convertido en un instrumento de discriminación que diferencia a las personas con una actitud falsamente compasiva y determina la eliminación de la vida discapacitada.
La Igualdad como principio que todo lo conquista en la organización social socava la libertad, las instituciones y hace a todo el mundo muy infeliz (con excepción de los abogados y otros activistas).
La libertad de la madre de alquiler es una ilusión. A este tipo de contratos acuden mujeres, a menudo, en una posición notoriamente desigual respecto a quienes encargaron el embarazo.
Había expectación por este primer encuentro del Papa Francisco con el pueblo católico iberoamericano, tanto desde la fe como desde los grandes poderes mediáticos… El Papa no eludió la palabra “revolución” y, al contrario, asumió su significado, eso sí que no desde la propuesta de lo políticamente correcto.
Allende, con una retórica ya totalmente gastada e ineficiente, calificó la huelga como sediciosa y afirmó que sería derrotada con la cooperación voluntaria de los trabajadores y de la juventud.
¿En qué mundo vivirán estos políticos y qué fundamento puede esgrimirse para despenalizar de la droga? Creo saber una cosa. No conocen el drama humano, personal, familiar y social de los más pobres.