Logorrea
Pedro Gandolfo | jueves 14 de noviembre de 2013
La vigilancia permanente sobre lo que se dice y cómo se dice es una de las virtudes del hombre prudente: el hombre se puede perder en la palabra, y nunca es más dueño de sí que cuando calla.
La vigilancia permanente sobre lo que se dice y cómo se dice es una de las virtudes del hombre prudente: el hombre se puede perder en la palabra, y nunca es más dueño de sí que cuando calla.
Albert Camus entendía la filosofía como una reflexión sobre el sentido de la vida, consciente de que la carencia de ese sentido llevaba al ser humano a la tristeza y la desesperación.
A pesar de cargar con las ruinas morales y económicas de la Cortina de Hierro y los errores financieros de la reciente crisis europea y venezolana, la izquierda progresista es capaz de instalar en la ciudadanía, gracias a su impresionante aparato editorial y propagandístico, sus consignas engañosas, que la tiene a un paso de lograr un poder sin contrapeso.
El conocimiento de las líneas matrices de el libro El Otro Modelo resulta imprescindible para imaginar las coordenadas de un eventual gobierno de la Concertación más el PC.
¿Cuántos y cuáles medios económicos y técnicos han sido empleados para hipnotizar al público, obligándolo a ver espectáculos de “Reality”, o realidades falsas y estúpidas?
Superado cierto umbral de bienestar, mucha gente olvida lo que ello ha costado y, dando casi por descontado su actual estado de cosas, se lanza en pos de ideales que ponen en peligro lo alcanzado.
Hay ciertas conductas y situaciones que son tan aceptadas que no llaman la atención, ni se ven sus consecuencias aunque la evidencia reviente en la cara...
Cuando se quiere hacer ingeniería social se hace primero una ingeniería lingüística. Por ello es que en el debate bioético se empleen tantos eufemismos, como el de “interrupción voluntaria del embarazo”.
La denuncia la hizo el Cardenal Robert Sarah, presidente del Pontificio Consejo Cor Unum, respecto del rechazo de Dios en la política y en la economía de parte de ciertos cristianos.
Diez investigaciones, ajenas a la Iglesia, concluyen que para un matrimonio feliz, estable, en fidelidad y sin violencia, la experiencia cotidiana de la fe es un factor positivo y protector.