La democracia sentimental
Manuel Arias Maldonado | jueves 24 de julio de 2014
¿No puede ser que el liberalismo sea demasiado frío, demasiado cool, para la articulación contemporánea de las pasiones políticas?
¿No puede ser que el liberalismo sea demasiado frío, demasiado cool, para la articulación contemporánea de las pasiones políticas?
A sus ochenta y dos años Joseph Zen no parece preocupado ni por la represión del régimen comunista ni por su imagen en los palacios apostólicos. Francisco haría bien en seguir escuchándolo.
La ausencia de la Historia Universal en la PSU es un síntoma del estado de nuestra educación, manejada por expertos en políticas públicas y por ciertos desconocidos pedagogos de escasa cultura y dudosa legitimidad.
Lo que realmente está sucediendo es que algunos católicos simplemente no quieren esforzarse; y unos pocos religiosos los premian por ese rechazo a lo exigente.
Tanto por presiones internacionales, como por modificaciones que pretenden hacerse –y en parte se han hecho ya– a nuestro orden jurídico interno, se quiere modificar profundamente nuestra sociedad.
Las humanidades no son lo más necesario que se puede estudiar, pero no se debe confundir lo necesario con lo importante, y privárselas a un alumno es privarle parte de su humanidad.
Revolución a la que no se tiene derecho: no querer ser lo que se es, sino lo que no se es; ser hombre y querer comportarse como si fuera mujer; ser mujer y querer comportarse como si fuera hombre.
Sólo queda anticuado quien sigue modas pasajeras, quien abraza novedades sin un sano discernimiento, quien promueve libertades orientadas al capricho y a la comodidad.
El dolor es el último recurso de Dios para hacernos verdaderamente felices, es decir, buenos y sabios, y salvarnos. El dolor es el grito de Dios.
Quien considera a otros, o a todos, como h….de p….y no es capaz de valorarlos sino a partir del tamaño de sus genitales, está listo para propiciar su descarte o eliminación.