Liberaciones sexuales para niños
Ignacio Aréchaga | sábado 16 de septiembre de 2017
Las razones que en los años setenta se daban para justificar la pedofilia hoy parecen el típico caso en que la ideología impone su ley para negar la realidad.
Las razones que en los años setenta se daban para justificar la pedofilia hoy parecen el típico caso en que la ideología impone su ley para negar la realidad.
El proyecto de ley que “Tipifica el Delito de Incitación a la Violencia” en verdad no es más que un entramado de ideas confusas y sin sentido.
Una cosa es lucir con gozo una pluma en la hermosa cola de pavo real de nuestra lengua y otra pavonearse fatuamente hasta resultar ridículos.
Hoy, como ayer, seguimos teniendo entre nosotros a los Chamberlain del momento. Encantadores de serpientes que encandilan al pueblo con promesas imposibles y los llevan al precipicio.
Los problemas de Lego no deben de obedecer a que hay menos niños, pues este descenso de ventas es el primero en trece años, mientras que la baja natalidad viene de mucho antes.
No nos engañemos, los tiempos no están para transacciones. Cada uno, por sí solo, no puede eliminar ni cambiar el Estado moderno, pero sí puede –y debe− resistirse a la pretensión de éste de guiar su vida.
Es claro que ni el aborto ni el “matrimonio” homosexual, en este ni en ningún otro sondeo CEP, han sido prioridad vital de los electores: ni siquiera aparecen mencionados.
Parte de la explicación de este –modificatorio– fallo del texto constitucional se debe a lo que este tribunal llama “interpretación evolutiva”.
Muchos recordaremos a Michelle Bachelet como la Presidenta que, conducida por la intuición e informada por la prensa cuando alcanza a leerla, entró a la cristalería de nuestros hogares a hacer de las suyas.
Ya no se trata “simplemente” de funcionarios corruptos y/o incompetentes, de los cuales hay abundancia, sino de autoridades lesionando por omisión el patrimonio nacional.