El dedo acusador
Juan Ignacio Brito | sábado 18 de agosto de 2018
Lo que irrita es que hoy broten tantos justicieros dispuestos a lanzar la primera piedra sin examinar su propia hoja de vida o la razón de su silencio previo.
Lo que irrita es que hoy broten tantos justicieros dispuestos a lanzar la primera piedra sin examinar su propia hoja de vida o la razón de su silencio previo.
Presentamos la tercera parte (y final) de este interesante artículo. En la parte II, el autor se refirió a los profesores y los alumnos. Y en la I, a la desastrosa situación de la educación en España.
Este artículo quiere iluminar lo que pocas veces o ninguna se dice de un periodo tan apasionante y fecundo de la historia de Occidente.
Lo que distingue a una asociación de otra es su propósito o meta compartida, y eso obliga a resguardar los idearios que explican la razón de ser de las diversas agrupaciones sociales.
¿Es el “proyecto de vida” algo inmodificable y casi predeterminado? El curso que pueda tener la vida es un misterio, incluso para la propia persona.
Es toda la sociedad la que finalmente termina financiando, sin quererlo pero obligada a hacerlo, a quienes desde el poder que sustentan, se enriquecen ilícitamente.
La falta de esfuerzo y el trauma emocional que les genera el principio de autoridad lleva a muchos participantes a perder dinero.
Desde hace cincuenta años -y algo más- las sociedades del occidente cristiano se deslizan cuesta abajo, paso a paso, eslabón por eslabón.
El drama de los adultos mayores no se resuelve con medidas simplistas, abriendo la puerta de par en par a la eutanasia, sino con medidas y políticas concretas que dignifiquen la vejez.
A los políticos decentes de izquierda les suceden dos cosas que los ponen en una situación vulnerable a la hora de enfrentar la corrupción ajena.