Un símbolo
Juan Manuel De Prada | viernes 9 de marzo de 2018
La furibunda hostilidad que algunos profesan a ese símbolo en el que se cruzan dos simples líneas se explica porque representa una verdad universal y eterna.
La furibunda hostilidad que algunos profesan a ese símbolo en el que se cruzan dos simples líneas se explica porque representa una verdad universal y eterna.
Con la ideología de género y sus derivados nos encontramos ante una imponente «estructura de pecado» que introduce un nuevo paradigma, un nuevo sistema cultural de carácter totalitario.
No hay que ser profeta para decir que vendrán cosas peores… Y tampoco hay que ser profeta para decir que otra vez será la DC la que dará los votos necesarios para ello.
Como estamos en tiempos de legados, creo que bien vale la pena analizar el que nos ha dejado la visita del Santo Padre a Chile, que creo no ha sido bien expresado en los medios de comunicación.
A lo largo de dos mil años, el cristianismo ha promovido el florecimiento de genios femeninos que difícilmente se hubieran desarrollado sin él.
Han pasado cien años. Y Fátima se mantiene impertérrita, como si hubiese algo que esperar del lugar de las apariciones, de su mensaje, de su significado más profundo.
Los comentaristas religiosos que denigran a los pastores apuntan a lo mismo: buscan que las comunidades locales sean las que determinen quiénes son idóneos para ser los obispos.
Una Iglesia que entroniza la opinión pública evita el martirio; pero no interesa a nadie: en el creyente crea desafección y en el descreído irrisión.
Cada matrimonio es sustancialmente original, no por los accidentes geográficos de su celebración (en un avión o en un barco), sino porque nos retrotrae al Origen mismo de las cosas.
Recibir a este Papa sirvió para oxigenar el ambiente, para “mirarnos al espejo” y valorar lo que somos, y para poder acercarnos a un tipo de liderazgo poco tradicional.