¿Iglesia “devaluada”?
Gonzalo Vial Correa | viernes 21 de agosto de 2009
El «discurso oficial» de la Iglesia no se guía por encuestas, ni por el favor mayoritario de un momento, ni por opiniones particulares, sino por el Magisterio.
El «discurso oficial» de la Iglesia no se guía por encuestas, ni por el favor mayoritario de un momento, ni por opiniones particulares, sino por el Magisterio.
La fe no se deja evaluar por encuestas, sino por su fidelidad a Jesucristo, cuya Palabra permanece idéntica, ayer, ahora y siempre.
En los temas pro-vida es donde uno tiene que decirse de verdad: «Sí, yo creo en la Verdad, y no en la simple conveniencia».
Si uno reflexiona bien, acepta la Iglesia no porque la ame, sino porque forma parte del proyecto de Dios.
El célebre artista francés cuenta cómo se engachó a San Agustín en un viaje a Roma con motivo del Jubileo del 2000.
Arzobispo de Canterbury busca una solución para mantener juntos a los que aprueban y a los que rechazan las órdenes sagradas para gays y lesbianas.
Sin la orientación de la caridad en la verdad, el fenómeno de la globalización puede producir enormes daños.
Se da una situación paradójica, porque se exige al mundo que respete los derechos humanos, pero se rehúsa definir, de forma objetiva, lo que ellos significan.
Toda ella es una forma de esclavización, marcada por la pérdida de la alegría y esperanza.
Estudio confirma lo que se sospechaba desde hace tiempo: las órdenes religiosas más “modernizadas” son las que atraen a un menor número de miembros.