Blindados de barro
Ignacio Aréchaga | viernes 4 de diciembre de 2015
Quienes exigen gastar todo lo que sea necesario para garantizar lo que entienden como derechos sociales lo que están pidiendo en el fondo es vivir a cuenta de generaciones futuras.
Quienes exigen gastar todo lo que sea necesario para garantizar lo que entienden como derechos sociales lo que están pidiendo en el fondo es vivir a cuenta de generaciones futuras.
Curioso principio, que en la práctica hace admisible la intolerancia: basta apelar a un supuesto derecho a la provocación para no tener que rendir cuentas por la falta de respeto hacia las creencias ajenas.
No sé si vamos a ver más de esto mismo. Ojalá que no… Sólo sé que en esta oportunidad había que decir: "no, eso no se hace". Y habrá que seguir diciéndolo cuando haga falta.
Los estudiantes son todos chilenos, por si a alguien se le ha olvidado; y poseen los mismos derechos, entre ellos, a optar por los fondos públicos. La sociedad civil también puede fundar universidades.
Quienes repiten las necedades políticamente correctas, distinguiendo al islam de quienes lo aplican, suelen ser los mismos que sostienen que en la Unión Soviética no se aplicó el “verdadero” socialismo.
La realidad no parece apuntar en el sentido de que nuestro país esté atravesando una crisis que requiera de forma ineludible y urgente el cambio de la actual Constitución.
El fallo de la Corte Suprema rompe con la tradición jurídica positivista de nuestro país. Se expande su acción más allá de la mera interpretación del derecho positivo.
La estrategia es muy simple: crear un problema inexistente mediante la alarma social. Luego proponer como solución un “programa”, de manera que esta mentira pase a ser una “cuestión de estado”.
La poca valoración de la vida en sí misma lleva a que, si los niños ya no son rentables para el país, se recorten las ayudas a la maternidad. Pasa en China, pero también en países como Inglaterra.
La gravedad de los “juegos”aumenta si se tiene en cuenta que todas estas cabriolas y piruetas se perpetran en un ambiente en que la credibilidad del Gobierno y del Congreso está por los suelos.