¿Condenados a la mediocridad?
Alfredo Enrione | viernes 21 de octubre de 2016
Mientras la agenda política no se comprometa de verdad con una gestión pública de clase mundial, seguiremos condenados a la mediocridad.
Mientras la agenda política no se comprometa de verdad con una gestión pública de clase mundial, seguiremos condenados a la mediocridad.
El prolongado debate en torno a las reformas a nuestro sistema educacional nos ha conducido a desplazar aspectos esenciales que no debiésemos descuidar.
Es de esperar que no nos quedemos en lamentos circunstanciales y que la sociedad entera –Estado y sociedad civil– nos hagamos cargo de esta triste herencia recibida.
La democracia supone un voto informado, fruto del debate. Éste no sólo no existió en Colombia, sino que se llegó a montar un show a nivel internacional para firmar el acuerdo.
La llamada ideología de género ni es evidente ni ha sido demostrada por nadie. Y sin embargo es presentada ante la opinión pública como una verdad palmaria y obvia.
Mucho se ha dicho de Rafael Garay y, seguramente, todavía queda mucho por descubrir, pero hay un aspecto que merece ser analizado un poco más: su fugaz paso por la política.
El vocablo “élite”, que se suele emplear con un tono peyorativo, se repite en forma incesante en los discursos públicos, los debates, las noticias, las columnas de opinión y otras.
Una vez más se intenta avanzar mediante hechos consumados: ¿Para qué se seguirán discutiendo las reformas en el Congreso si el Ejecutivo legisla a través del presupuesto?
Si en un hogar no hay fuego los residentes se enferman y mueren de frío. El más letal es el frío espiritual: no percibo razones para querer seguir existiendo. La indiferencia de los míos me mata.
Es innegable, hay un ataque sistemático a las universidades privadas, particularmente desde autoridades de entidades estatales.