Marqués de Laserna | sábado 29 de septiembre de 2018
El relativismo que nos rodea, nos invade y nos gobierna ha encontrado un inesperado auxiliar en el idioma. La palabra, el gran vehículo de entendimiento se ha mudado en alcahueta para sembrar la duda y el desconcierto.
El español es una lengua que se esforzó siempre en encontrar un vocablo para casi todos los conceptos, resulta por tanto muy preciso pero poco sugerente. Si el pan es pan, y el vino, vino, no caben muchas elucubraciones y los poetas tienen que esforzarse para, con instrumento tan puntual, sugerir ideas y sentimientos relacionados.
Lo que ha sido siempre complicado para los mayores ingenios lo han resuelto con la mayor facilidad quienes utilizan el lenguaje acomodándolo a su gusto y manera. Se ha convertido en costumbre utilizar palabras, perfectamente definidas en el diccionario de la RAE y que los hispanohablantes emplean de acuerdo con esas definiciones, dándoles un significado diferente cuando no contradictorio y siempre creando confusión.
Es un modo nuevo y distinto de colaborar con el relativismo, que las voces no precisen conceptos para que estos se diluyan. Si no hay nada cierto tampoco puede argüirse que existe la verdad, ni siquiera ...