Las autoridades chinas y los hijos
Jaime Rodríguez-Arana | Sección: Familia, Vida
Por mucho que la mona se vista de seda, mona se queda. Así reza el tradicional dicho español y así puede caracterizarse la pretendida operación de marketing del régimen chino por aparecer ante la opinión pública como lo que no es. En China sigue sin disfrutarse de la libertad y las autoridades políticas siguen imponiendo a los matrimonios el número de hijos que pueden tener. Hasta tal punto que en los últimos tiempos los dirigentes del régimen han puesto a “trabajar” a un grupo de “médicos” con el firme propósito de esterilizar a 10.000 hombres y mujeres que han osado desafiar la norma pública: no más de un hijo por pareja.
No gusta al régimen político que los matrimonios puedan tener más de un hijo. Es sabido que esta norma ha sido incumplida, especialmente en las grandes urbes, y ahora la “autoridad”, en un gesto inhumano más, ha puesto en marcha una política de identificación de los violadores de la ley para ser esterilizados. Si éstos no aceptan tal “práctica”, se arresta a los familiares el tiempo que sea necesario hasta que los conculcadores de la norma se avengan a los deseos del poder.
Tal y como revela el Times, unas 1.300 personas, en su mayoría familiares de los disidentes, están retenidas en muy malas condiciones en la provincia de Guangdong como medida de presión para extender la política esterilizadora frente a los violadores de la ley. Entre ellos se encuentran ancianos, padres o hermanos de los miembros de las parejas “desleales” al régimen político chino.
El equipo de “doctores” a los que se ha encomendado tan ingrata tarea parece ser que trabajan de sol a sol para cumplir la tarea: de 8 de la mañana a 4 de la mañana del día siguiente. La mitad de los esterilizables, cinco de diez mil según el Times, se han avenido a la propuesta gubernamental. Los cinco mil restantes, sin embargo, a pesar de tener en muchos casos inmovilizados a sus familiares, siguen adelante en su desafío al régimen.
Si las autoridades chinas siguen interviniendo de esta manera en la vida de las familias hasta pretender sustituir a los mismos cónyuges en sus decisiones más íntimas, el mensaje de liberalización y transición a la democracia seguirá siendo una quimera. Los derechos humanos, por lo que se ve, aún deben esperar en China. A menos que la comunidad internacional, algo improbable, se atreva a presionar para que por fin la dignidad del ser humano empiece a resplandecer en el gigante asiático.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente por Análisis Digital, www.analisisdigital.com.




