Diagnóstico

Augusto Merino M. | Sección: Historia, Sociedad

¿Estamos mejor o peor que antes? Nos referimos no a la situación política ni a la económica, sino a eso que, cuando éramos niños, las tías solían llamar, con tono grave, “la situación”. Pero entendemos el término en forma infinitamente más amplia que nuestras viejas tías: ¿cómo es la situación actual de la humanidad?

¡Vaya pregunta! Como para contestarla en una crónica de éstas… Sin embargo, la vida suele ser menos complicada que las preguntas que se le dirigen. Por eso podríamos intentar una respuesta descomplicada: “la humanidad está hoy mejor que antes”.

Pero habría que añadir, sin ánimo de hacer la cosa demasiado enredada, una segunda parte a esta respuesta tan clarita: “la humanidad está peor que antes”. Así quedaría expresado, con toda nitidez, nuestro pensamiento.

Está mejor que antes porque hoy la medicina ha progresado. Está peor que antes porque nunca se había matado a tanta gente.

Está mejor que antes porque la educación alcanza cada día a más personas. Está peor que antes porque el conocimiento naufraga por el exceso de información.

Está mejor que antes porque hay muchas declaraciones de derechos humanos. Está peor que antes porque no hay ninguna declaración de deberes humanos.

07-foto-22Está mejor que antes porque se está dando un resurgimiento de la religión. Está peor que antes porque nunca había habido tantas religiones estúpidas.

Está mejor que antes porque el conocimiento moral ha progresado. Está peor que antes porque la práctica de la moral ha retrocedido.

Está mejor que antes porque la democracia reconoce a las personas el derecho a participar en política. Está peor que antes porque el tamaño de los Estados hace esa participación impracticable.

Está mejor que antes porque se acabó la guerra fría. Está peor que antes porque comenzaron mil guerrecitas calientes.

Está mejor que antes porque la humanidad ve con esperanzas el nuevo milenio. Está peor que antes porque hay algunos idiotas que enseñan que la historia se acabó.

Como se ve, el diagnóstico no puede ser más claro. Es el mismo que, modestia aparte, hicieron los Evangelios hace dos mil años: crecerá el trigo con la cizaña, igualitos, parejitos. Ni uno está más grande que el otro, ni el otro está más grande que el uno.

Pero el balance es positivísimo: estamos cada vez más cerca del momento en que los ángeles van a ser enviados por el dueño de la siembra a arrancar las malezas y a quemarlas, para que el trigo pueda ser cosechado y aprovechado como se debe.