El triunfo de Angela Merkel y el nuevo panorama político alemán

Tomás Villarroel | Sección: Política

06-foto-1-autor1La mejor noticia de las elecciones del 27 de septiembre es esa: ganó Angela Merkel. No deja de ser interesante que justo en medio de una de las peores crisis económicas del último siglo triunfe una “coalición burguesa” de centro-derecha. Eso ya es bastante mérito. Sin embargo: el triunfo no se explica por una buena votación del conglomerado “liberal-conservador” compuesto por la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y su socio bávaro, la Union Social Cristiana (CSU), sino por la extraordinaria votación del Partido Liberal (FDP), que subió de un 9,8% el año 2005 a un 14,6%. Los grandes ganadores de la jornada electoral fueron, sin duda, los tres partidos pequeños: el Partido Liberal, Los Verdes (Die Grünen) y La Izquierda (Die Linke). Los históricos “partidos populares”, la Democracia Cristiana y la Socialdemocracia, confirman la tendencia al decrecimiento de los últimos años. En efecto, la dupla CDU/CSU perdió 1,4% de los votos, obteniendo así el peor resultado de su historia con un magro 33,8%. ¿Qué ocurrió? Se habla de un traslado de votos de la clientela CDU/CSU a los liberales FDP. Seguramente hubo votantes del ala “económico-liberal” de la Democracia Cristiana que, cansados del perfil preferentemente social del primer gobierno Merkel (2005 – 2009), castigaron al partido.

En efecto, durante los cuatro años de ‘Gran Coalición’ con la Socialdemocracia se ha enfatizado más el aspecto social de la “economía social de mercado”, mientras que las reformas económicas de corte liberal han desaparecido completamente del horizonte. Los liberales FDP –liberales-liberales no sólo en lo económico, sino también en materias políticas y valóricas– más proclives a creer en las fuerzas autorregulatorias del mercado hicieron, por lo mismo, campaña prometiendo una rápida reducción del impuesto a la renta. El buen resultado obtenido por los liberales se explica además, porque presentaron un programa más definido que el conglomerado CDU/CSU, enfatizando –además de lo económico– el ámbito, siempre sensible para los alemanes, de los derechos civiles. Los liberales presionarán para derogar o, al menos, modificar algunas leyes de seguridad interior aprobadas por la ‘Gran Coalición’ en el marco del combate al terrorismo islámico y ya han logrado algunos éxitos. La campaña CDU/CSU, en cambio, careció de un perfil nítido y apuntó más bien a transmitir la idea –más difícil de propagar– de que es el centro demócratacristiano quien mejor vela por los equilibrios sociales en el país y que es este sector quien mejor puede “administrar” la crisis. Y el electorado confirmó la tesis de que es esta coalición de centro quien tiene las mejores competencias para sacar a Alemania de la peor crisis económica de las últimas décadas.

El desempeño de la Socialdemocracia (SPD), en tanto, fue peor que el peor de los vaticinios: una catástrofe de 23%. Lejos el peor resultado en toda la historia de la República Federal. Desorientación programática y desperfilamiento, contradicciones durante la campaña en relación a los posibles socios de coalición, además de algunas medidas económicas de recorte social que afectó a las masas de desempleados y de liberalización laboral implementadas durante el gobierno del canciller socialdemócrata Gerhard Schröder (1998 – 2005) le pasaron la cuenta a la Socialdemocracia. Los que profitaron de esta debacle fueron el Partido Verde con 10, 8% y La Izquierda con un soprendente 11,9%. Este partido, que surgió de la fusión el año 2007 de un partido de izquierda de Alemania Occidental (WASG) con el partido sucesor del partido único de Alemania Oriental (SED), hizo campaña con posiciones tan populistas como maximalistas. Entre otros: el retiro de las fuerzas militares alemanas de Afganistán, la abolición del actual del seguro de desempleo Hartz IV, la congelación de la proyectada jubilación con 67 años –que no obedece sino al grave problema demográfico que tiene ya Alemania–, y un sueldo mínimo universal (actualmente sólo existen sueldos mínimos en algunos sectores productivos). Este partido, el de la indignación moral, no quiere saber, sin embargo, de estandares morales a la hora de revisar el su orígen, esto es: su condición de continuador del partido único que monopolizó el poder durante los 40 años de dictadura comunista en Alemania del Este. Tres vertientes llevan sus aguas a La Izquierda: partes importantes de población de la zona este de Alemania, los sectores más bajos de la sociedad alemana, generalmente atribulados por problemas sociales y económicos, así como pequeños sectores educados o intelectuales, quienes, bajo la marca de la indignación, votan esa opción como “forma de protesta”.

06-foto-21Esto no debe inducir a pensar que se produjo una izquierdización global de la sociedad alemana, pero sí claramente del espectro de centro-izquierda. En efecto, todos los votos que perdió la Socialdemocracia, 11,2%, no lograron ser capturados por los otros dos partidos, que –sumados– aumentaron un 5,8%. La buena votación que obtuvo La Izquierda conducirá, sin embargo, casi inevitablemente a una izquierdización de la Socialdemocracia y los primeros signos ya son visibles. Si hasta estas elecciones la Socialdemocracia había rechazado todo tipo de cooperación con La Izquierda a nivel nacional, desde ahora esta opción queda abierta y es posible que el año 2013 intenten llegar al poder a través de una inédita coalición de izquierda-izquierda compuesta por la Socialdemocracia, el Partido Verde y La Izquierda. Por lo pronto, es esperable que la Socialdemocracia haga propio un discurso de lucha semejante al de La Izquierda, aun a riesgo de terminar haciendo una demagógica política de trincheras. Si esta estrategia dará los frutos para recuperar el terreno perdido es una pregunta que queda abierta.

Por lo pronto, el nuevo gobierno federal deberá hacer frente al principal desafío: la crisis económica. Esto no es poco: la crisis no ha terminado aún, el endeudamiento fiscal en los últimos 18 meses ha crecido sideralmente, la cesantía ha aumentado –llegará a los cuatro millones en 2010– y los fondos sociales –por ejemplo, el de salud– son un saco sin fondo. Es esperable que el equipo liberal-conservador haga bien su trabajo en el ámbito económico y social. Ya hay primeras señales: para el año 2010 se espera un crecimiento de la economía y los liberales no han sido capaces de imponer en las primeras negociaciones su programa de flexibilización laboral así como la reducción inmediata de la carga impositiva. El plano político, en tanto, la oposición de los tres partidos de centro-izquierda e izquierda será férrea y los cohesionará. Por último, en el ámbito internacional Angela Merkel hará valer la voz de Alemania en los ámbitos que le son caros: presionará para la firma de acuerdos en orden a la reducción de emisiones así como de acuerdos para la protección del medio ambiente e impulsará iniciativas tendientes a una mayor regulación de un capitalismo tipo casino. El problema Afganistán seguirá siendo, sobre todo por razones políticas internas, un dolor de cabeza para Merkel. Por último, en la política europea Angela Merkel mantendrá, no obstante eventuales presiones de los liberales, el rechazo alemán al ingreso de Turquía a la Unión Europea y promocionará, como moneda de cambio, el concepto de “socio privilegiado”.