Triángulo vicioso

Augusto Merino M. | Sección: Política, Sociedad

03-foto-1-autorHacer trampas de palabras y cazar al inocente Homo sapiens es más fácil que atrapar pajaritos con liga. Como se sabe, las palabras sirven para ocultar nuestro pensamiento. O para confundirlo. O para ir cambiando, poco a poco, el sentido a las cosas. En esto último hay entre nosotros, de un tiempo a esta parte, grandes expertos.

Por ejemplo, si Ud. quiere quitar a la Navidad todo aire de fiesta cristiana, envíe tarjetas navideñas en que, suprimida la simbología religiosa (pesebres, estrellas, hasta viejos pascueros), figure una colorida mariposa, con la leyenda “¡Saludos de la estación!”, o “¡Saludos de fin de año!”.

Estas palabras dirán no lo que se lee sino “acabemos de una vez con el molesto cristianismo”. Pero nadie se dará cuenta al comienzo, y poco a poco, la Navidad dejará de ser la odiosa fiesta cristiana que Ud. quería suprimir. Elegante, ¿no es cierto? Y muy real. Hemos visto tales tarjetas en circulación, enviadas por cierto personaje “de izquierdas”.

Otra trampa, más antigua y exitosísima, es la de dividir a las corrientes o partidos políticos en izquierda, centro y derecha. Con esto, todo lo que es de “centro” parecerá, sin necesidad de que así se diga, mejor que lo de los “extremos”. Aquí se aprovecha un elemento de la ética de la milenaria cultura occidental: los griegos decían que “la virtud está en el medio”. Con ello querían decir que, por ejemplo, es tan malo comer demasiado como demasiado poco, y que lo virtuoso es comer lo justo y necesario, que está a igual distancia de aquellos dos extremos. Y lo mismo decían de la valentía: ésta está a medio camino –en el “centro”– entre los dos extremos de la cobardía y de la temeridad.

03-foto-21Todo esto explica que hoy haya un verdadero atasco de partidos en el “centro”: encaramados unos encima de otros, tratando unos de desalojar a otros, de preferencia hacia la derecha, que es donde ninguno, parece, quisiera estar. Cosa rara: Reagan, de derechas, contribuyó al desmoronamiento de la Unión Soviética, uno de los hechos más monumentales del siglo XX; Mrs. Thatcher, de derechas, levantó a Inglaterra de la mediocridad. Pero el término “derechas” sigue siendo mal visto entre nosotros.

Eso, sin embargo, es otro tema. El de hoy se resume en esto: no dejarse engañar por el “centro”, examinar con cuidado lo que el centro dice, que puede ser tan malo o peor que lo que dice la derecha o la izquierda. No dejarse atrapar: el centro no es siempre virtuoso; el centro suele no ser más que un tercer polo, tan extremo como los otros dos, con los que puede formar un “triángulo vicioso”.