Los 77

Rodrigo Ojeda | Sección: Historia

En memoria de los jóvenes y héroes de La Concepción. Durante la Guerra del Pacífico y la Campaña de la Sierra, apareció un poblado y un acto de “resistencia homérica”. Es un hito de la historia militar chilena. No sobrevivió ninguno, “ningún chacabuco”. Fueron 77 chilenos en una plaza y un cuartel. La rendición no fue opción. Fueron emboscados por el enemigo tras rumores de un ataque peruano y un telegrama. Es el Combate de La Concepción, de los días 9 y 10 de julio de 1882. El destacamento militar operaba en la sierra peruana, era el llamado batallón Chacabuco y un combate desigual. Los 77 no alcanzaron a regresar a Lima. El asedio comenzó el 9 de julio. La resistencia peruana ocupó a su favor la geografía y atacó desde las alturas. La cuarta compañía del regimiento Chacabuco estaba en desventaja debido a la superioridad numérica del bando peruano, fue un “combate desigual” y feroz. La orden de Carrera fue custodiar los cuatro costados de la plaza. A pesar de la desproporción de fuerzas, los chilenos defendieron el lugar durante horas, sin pertrechos y “en pésimas condiciones materiales”, además de enfermedades en la tropa y un clima adverso.

La Campaña de la Sierra o de la Breña representó la respuesta peruana tras la caída de Lima y la ocupación chilena, esa presencia resistida e impopular. La avanzada peruana ocupó el factor sorpresa, el conocimiento de la zona y la superioridad numérica al enfrentarse a 77 soldados aislados, sin artillería ni caballería. Resistieron con cien balas por soldado y atrincherados en “improvisadas barricadas”. Los peruanos y sus aliados atacaban en modo guerrilla con montoneros. Eran 300 soldados y más de mil pobladores e indígenas de apoyo. El capitán Ignacio Carrera Pinto, de 34 años y nieto de José Miguel Carrera, ordenó la defensa del lugar y el repliegue al cuartel. La casa parroquial reconvertida recibió los ataques. Los sobrevivientes se replegaron, pero “lo peor estaba por venir”. El enemigo ordenó incendiar la techumbre del refugio y provocar la rendición. Durante la noche y el amanecer los ataques continuaron. Los oficiales y los soldados no se doblegaron y se sacrificaron por Chile, “prefirieron sucumbir antes que rendirse”. El cuartel en gran parte estaba arrasado por las llamas, al llegar el día se veían desde los umbrales los cadáveres hacinados y “escombros humeantes”, en palabras del especialista Eduardo Arriagada.

El enemigo optó por romper las paredes e ingresar. Nadie se rindió. Fue una masacre tras los disparos y las bayonetas. Las mujeres y un recién nacido murieron al interior del cuartel. El subteniente Cruz y nueve soldados fueron fusilados en la plaza. Los cuerpos de los derrotados fueron mutilados. Eran soldados de edades entre los 17 y 21 años. La bandera chilena no dejó de flamear en el cuartel de la compañía del Chacabuco y fue recuperada. El rito fúnebre del momento fue un homenaje a los caídos y se ordenó extraer los cuatro corazones de los oficiales muertos. Hoy, esos corazones se encuentran en la Catedral de Santiago. Laten por la patria y la bandera.

Han pasado 144 años desde el sacrificio y heroísmo del batallón. El pueblo peruano posee un monumento que recuerda lo sucedido en julio de 1882, una victoria pírrica, y de las pocas, durante la Guerra del Pacífico. En Santiago, el Monumento a los Héroes de la Concepción fue inaugurado en 1922 y se ubica en la Alameda. La estación de metro “Los Héroes”, recuerda a los 77. Para Richard Kouyoumdjian, urge mejorar las condiciones físicas y simbólicas, además de acciones póstumas. Llegó la “hora de que Chile se ponga al día” con los 77. El juramento a la bandera es un homenaje a los héroes y un compromiso, a fuego y sangre, de los nuevos soldados del Ejército de Chile. Cada juramento recuerda, renueva y reafirma ese: “rendir la vida si fuese necesario”. La bandera tricolor nos une de sur a norte, y la estrella no deja de brillar.

 

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por El Pingüino el domingo 12 de julio de 2026.