¿El caos organizacional refleja un fracaso educativo?
Germán Gómez Veas | Sección: Arte y Cultura, Educación, Política, Sociedad
Cuando en las instituciones el orden y el funcionamiento estructurado se descompone para transformarse en desorden colectivo y permanente, entonces no es exagerado afirmar que dejan de ser “organizaciones”.
Veamos un par de ejemplos. El caso de los niños haitianos “perdidos” en Chile, situación aún en investigación, hasta ahora ha evidenciado que en varios organismos estatales hay negligencias, corrupción y displicencias administrativas inaceptables respecto del cumplimiento de los fines que toda repartición estatal debe cuidar, garantizar y proporcionar para hacer posible el bien común. Algo muy parecido está ocurriendo en el área de salud. De hecho, la ministra del ramo en un reciente seminario de Clapes UC, señaló que se ha encontrado con demasiadas descoordinaciones, excesiva falta de información, situación que en gran medida ha incidido en un mal servicio público, con consecuencias graves para numerosas personas que para atender sus problemas de salud tienen como única posibilidad la asistencia de instituciones fiscales.
Al respecto, lo primero que es conveniente precisar, es que toda institución que cumple un bien público, sea por gestión estatal o privada, debe mantener un orden, método y también una estructura que hagan posible la eficacia del servicio que prestan, bajo una visión ética. Poner en práctica un desempeño sin cumplir estas condiciones es moral y socialmente irresponsable.
Ahora bien, lo que marca la diferencia a la hora de lograr un buen servicio es la apropiada e integra configuración de los equipos humanos bajo el correcto ejercicio de liderazgos que cuentan con capacidades técnicas y éticas. En esto no interviene la suerte. Hay que tener presente que la Administración es una ciencia, específicamente, una ciencia social, que por lo tanto cuenta con método, conocimientos específicos y que se plantea objetivos precisos. En palabras de un gran entendido en administración, Peter Drucker, se puede señalar que esta ciencia consiste en la gestión “de hacer las cosas bien”. Además, Drucker, que de acuerdo con la revista Business Week, es el hombre que inventó el management, afirma que en las organizaciones este trabajo práctico lo impulsan los líderes. Y para no confundirnos: “el liderazgo es hacer las cosas correctas”.
El asunto es que estos principios básicos de la teoría de la administración, en nuestro país se han ido desdibujando a una velocidad y en una extensión preocupantes, especialmente en instituciones que prestan servicios fundamentales para el logro del bien común y la proyección de una nación que se propone ser desarrollada. Desde esta perspectiva, la situación actual nos plantea una incómoda encrucijada que lejos de paralizarnos, debería impulsar cambios. ¿Estamos sufriendo un fracaso de nuestro sistema educativo y cultural, o estamos experimentando las consecuencias de una cultura que desprecia la responsabilidad ética?
Nota: Este artículo fue publicado originalmente por La Prensa de Curicó el viernes 3 de julio de 2026.




