Liberalismo y catolicismo

Gonzalo Ibáñez Santa María | Sección: Arte y Cultura, Historia, Política, Religión, Sociedad

A propósito de la reciente visita del Papa León XIV a España y su visita a la ciudad de Salamanca, Leonidas Montes en su última columna presenta a los profesores de la Escuela de esa ciudad durante el siglo XVI como lo que efectivamente fueron, esto es, precursores en la enseñanza de una economía fundada en la libertad y en la responsabilidad personales y, por lo tanto, en la propiedad privada y en el libre mercado. Ellos se adelantaron a otros pensadores que han acaparado para ellos esa fama, como John Locke o Immanuel Kant, presentados como exponentes del naciente liberalismo. Concluye así Montes en que hay espacio para un reencuentro de catolicismo y liberalismo, superando siglos de diferencias.

Es cierto lo que dice Montes, pero resulta que la confrontación entre catolicismo y liberalismo tiene raíces mucho más profundas. En el fondo, lo que esta última doctrina sostiene es que, gozando una persona de entera libertad, siempre va a ser acertado en sus juicios, en su conducta y en sus intenciones. Que, por el contrario, si una persona no es buena ni plenamente inteligente es porque no goza de libertad. Restituyéndosela, nos aseguramos de que obre siempre el bien. Por eso, el nombre de liberalismo.

Jean Jacques Rousseau, en su obra “El Contrato Social”, fue categórico al respecto. “El soberano (la persona libre), por el solo hecho de ser es siempre lo que debe ser”. Es decir, para esa persona no hay riesgo de pecado ni de error. Para el liberalismo no hay, entonces, norma moral alguna: la libertad de suyo es siempre buena. Por lo que toda nuestra preocupación debe ser la de devolver a cualquier persona a un estado donde goce de plena libertad. Por supuesto, de inmediato, se suscita la pregunta ¿cuál libertad? ¿La mía o la tuya? El conflicto ha sido la consecuencia brutal de esta doctrina. Por eso, la Iglesia se ha opuesto con firmeza a estas ideas. Sobre ellas, lo único que se construye es un continuo estado de guerra entre las personas.

Sería bueno conocer la opinión de Montes sobre este punto.

 

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por El Mercurio el jueves 25 de junio de 2026 como carta al director.