¿Siguen siendo universales los derechos humanos?
Max Silva Abbott | Sección: Arte y Cultura, Historia, Política, Sociedad
Tal como aún se enseña en las facultades de Derecho, se supone que los derechos humanos son ciertas prerrogativas que tienen todos los miembros de la especie humana, por su sola condición de tal, fruto de una inherente igualdad basal, razón por la cual se poseen de manera previa al Estado y, sobre todo, cuando este los desconoce.
Y, como también se sabe, se considera que el acta de nacimiento de estos derechos a nivel internacional fue la Declaración Universal de 1948, surgida luego de los horrores de la Segunda Guerra Mundial.
Todo esto ha hecho que los derechos humanos hayan impregnado el contenido tanto de las constituciones como del Derecho internacional, que teóricamente, trabajan en conjunto a fin de que el Estado los respete y los promueva.
Sin embargo, lo que varios ignoran, es que los derechos inicialmente pactados han cambiado mucho con el correr de las décadas, en particular fruto de la libérrima e incontrolada interpretación de que han sido objeto los tratados que los consagran por parte de los órganos guardianes creados por ellos mismos. De esta forma, el contenido realmente acordado ha ido siendo sustituido por la ideología de quienes componen dichos organismos.
Esto es importante, pues uno de los principales argumentos que se usan para exigir su respeto, es precisamente su origen convencional. Sin embargo, esta metamorfosis que están sufriendo constantemente –al punto de hacerse a veces irreconocibles– les ha ido quitando cada vez más dicho carácter “convencional”, pese a que se siga insistiendo en lo contrario.
De esta manera, estos múltiples organismos, tanto a nivel universal (al alero de la ONU), como a nivel regional (en la UE o la OEA), han hecho evolucionar este contenido, introduciendo cada vez más su propio querer, fruto de las flexibles y acomodaticias reglas de interpretación que existen respecto de estos tratados.
Lo anterior es sumamente peligroso, pues equivale a usar el concepto “derechos humanos” como un auténtico caballo de Troya, a fin de introducir de contrabando no sólo las ideologías más discutibles, sino también, generalmente las más resistidas por el grueso de la población, haciendo pasar “gato por liebre”, como se dice vulgarmente.
Ahora bien, si evolucionan rápida y descontroladamente a puerta cerrada y además, sin que la ciudadanía se entere, al punto que cada vez surgen más y más “derechos”, ¿se puede seguir considerando que los derechos humanos son verdaderamente universales?
Esto quiere decir que muchos de los actuales “derechos humanos” no son ni derechos, ni universales, como se pretende. En realidad, su evolución ha sido tan rápida, que ni siquiera los Estados tienen claridad respecto de cuáles son los “derechos” hoy vigentes, o incluso si están eventualmente infringiendo alguno de ellos.
Por eso es necesario decirlo fuerte y claro: no puede ser de verdad “universal” aquello que se desconoce y que además, evoluciona rápida, imprevisible y descontroladamente.
Todo lo dicho significa que hay que estar muy atentos respecto del accionar de estos organismos internacionales: no porque ellos vociferen a los cuatro vientos que su última ocurrencia es un “derecho humano” hay que creerles. Y tal como están las cosas, tener una actitud de sospecha es, en realidad, la conducta más adecuada en estos momentos.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente por el diario El Sur de Concepción. El autor es Doctor en Derecho, profesor de filosofía del derecho en la Universidad San Sebastián y miembro del Capítulo Concepción de la Academia de Ciencias Sociales, Políticas y Morales del Instituto de Chile.




