Boric: el taumaturgo

Rodrigo Ojeda | Sección: Política

“Gracias por tanto y perdón por lo poco”. Ha finalizado el primer gobierno frenteamplista y comunista. El de las movilizaciones y asambleas universitarias. Fueron cuatro años en los cuales el relato recubrió y encubrió una forma de habitar el palacio y las instituciones. No sabemos si asumieron como vanguardia el: “otra cosa es con guitarra”. En la última cadena nacional del expresidente sobran ejemplos de lo mencionado: “puedo afirmar hoy que nuestro país es un mejor lugar que el que era hace cuatro años atrás”; “hubo errores que no puedo desconocer, y ya habrá tiempo para revisarlos con calma y sacar las lecciones que correspondan”, “me voy con la frente en alto y con las manos limpias”. Boric se despide haciendo gala de ese sello generacional de estar dotados de lo inmaculado, antes y después de gobernar. Además, señala que hay tiempo para revisar y ponderar “los errores”. La generación impugnadora no aplicó la misma vara con Sebastián Piñera, estuvo dispuesta a justificar la violencia y danzar alrededor del fuego en las calles. ¿Dejarán gobernar al presidente electo?

El ciudadano Boric reconvertido en expresidente es y será una voz que acompañará la contingencia y al proyecto político que buscó refundar todo. Hay un Boric del pasado que “proclamó que una parte de su ser quería abatir el capitalismo y no dejaba dudas respecto de que su inspiración principal eran Allende y la Unidad Popular”. Boric se identificó y jugó sus cartas por el proyecto constitucional identitario y plurinacional. Tras el rechazo popular tuvo que navegar en la institucionalidad nacional con una camisa de fuerza. No sabemos públicamente si sigue creyendo en derrotar los molinos de viento capitalistas ni cuál será su tono al intervenir en el debate como expresidente. Ha señalado que la política es su oficio y su convicción es: “hacer mejor a Chile”. Boric es un misterio en la esfera pública y debe ser interpelado por su actuación política en la última década. La actual oposición de izquierda tiene que convencerse y llamar a “rechazar la violencia política y a actuar dentro de las reglas del régimen democrático”, en palabras de Sergio Muñoz. Boric y la izquierda en su amplio espectro, tienen que renovar sus credenciales democráticas en los acuerdos y en los hechos. No más las palabras ni buenas intenciones. La política es una actividad de acciones. ¿Volverá a la radicalidad universitaria o liderará la alicaída izquierda culposa de pasado concertacionista?

Su tercio de seguidores es leal a “la gobernanza” y al relato oficial que culpa al empedrado y a la derecha. El expresidente fue irresponsable, partisano y odioso en la conducción de las relaciones internacionales. Su incontinencia en las redes sociales fueron guiños ideológicos. Su agenda fue majadera al atacar el país del norte y a la única democracia de Medio Oriente. Entrevistado en el programa que muestra a “la persona detrás del presidente” no reconoció sus excesos y desprecios con la comunidad judía en Chile. La prensa no siempre incomodó el poder de Boric.

El legado de Boric es confuso. Los opositores creen que gobernó un país imaginario. Otros sostienen que la estructura institucional chilena, la de los 30 años y más, resistió los embates refundacionales, además de la farra fiscal del frenteamplismo. En paralelo, sus partidarios reconocen en el expresidente a un taumaturgo por sus dones mágicos y sobrenaturales. Chile cambió y rechazó los ensayos constitucionales, la candidatura comunista y escogió al actual presidente. Bienvenidos: Baquedano y diamante, JAK y el orden portaliano. El legado de Portales es una fuente de inspiración que demanda virtudes cívicas y sobriedad al nuevo gobierno. El retorno de la estatua no significa el fin del octubrismo ni el ideario refundacional. Varios de sus representantes con prontuario octubrista se trasladaron al parlamento.

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por El Pingüino el domingo 15 de marzo del 2026.