Un gabinete para levantar Chile

Jaime Jankelevich | Sección: Política

Faltan aún 46 días para que José Antonio Kast asuma su mandato y hace sólo cinco presentó oficialmente el primer gabinete que lo acompañará en la Presidencia. Sin embargo, aún sin haber asumido jurando el 11 de marzo; sin emitir siquiera una opinión sobre sus quehaceres; sin haber firmado documento alguno o aparecer diciendo algo públicamente; sin saber las metas que cada uno de ellos impondrá en sus respectivos cargos, ya lo están criticando de diestra a siniestra.

Que gobiernos con gabinetes sin experiencia política terminan siendo un fracaso; que habrá que cambiar ministros en pocas semanas, que algunos serán yogures con fecha de vencimiento muy pronto, que se está frente a un gabinete improvisado, etc. Pero lo más grave sin duda ha sido la crítica de las izquierdistas mujeres woke del movimiento Coordinadora Feminista 8M contra la ministra de la Mujer, Judith Marín, calificando su nombramiento como “un peligro” por el solo hecho de ser evangélica, llamando a “estar alertas ante este peligro” y a marchar el 8 de marzo porque “la vida de las niñas, mujeres y disidencia no puede estar en manos de fundamentalistas religiosos”, lo que es extremadamente grave porque demuestra un nivel de intolerancia religiosa con cancelación incluida inaceptable en democracia.

Se reclama que no hay políticos experimentados que entiendan como se maneja el Estado y las relaciones con el Congreso y por eso, dicen, le pasarán la cuenta muy pronto. Pero si tanto en Interior como en Segpres hay dos muy experimentados políticos y negociadores, como son Claudio Alvarado y José García Ruminot, quienes apoyarán a los ministros expertos a abordar y solucionar los temas de emergencia de sus carteras, además de los subsecretarios, jefes de gabinete y sus equipos, que sumarán expertise político.

Pero lo cierto es que todas esas críticas sólo nos indican que no han entendido nada del diseño del próximo gobierno. No se comprende que no destaquen el logro de tener el gabinete más amplio políticamente que se tenga historia, lo que refleja la intención de tener un gobierno de unidad nacional. No destacan que se haya nombrado dos ministros que lo fueran en los gobiernos de los Presidentes Lagos y Bachelet. Tampoco que esté representado prácticamente el 62% del plebiscito del 4S. Nada de eso, sólo críticas.

Ahora, dado que estamos frente a emergencias en vivienda, reconstrucción, salud, seguridad, relaciones internacionales, educación, economía, permisología –por nombrar algunas– cabe preguntar ¿a quién nombrar para enfrentarlas? ¿a políticos que tengan que generar soluciones que requieren conocimiento y experiencia profesional en materias  desconocidas por ellos, pero son especialistas en muñequeos parlamentarios y estatales? ¿O a profesionales expertos en dichas materias que pueden ser apoyados por personas con experiencia política y por los mismos partidos que apoyan al gobierno?

Pienso que el diseño de este gabinete responde claramente la pregunta, pues lo que Chile necesita hoy es una sinergia entre elevado conocimiento y reconocida expertise profesional en los temas que cada cartera debe solucionar, con experiencia política, lo cual es exactamente la fórmula empleada en su estructura.

La gran pregunta que surge de todo esto es ¿cómo queremos que Chile vuelva a progresar, a derrotar el estancamiento en que estamos y logremos solucionar la emergencia en que nos encontramos, si en lugar de estar decididos a apoyar la gestión de un gobierno que recién comienza a mostrar la impronta que lo guía, se dedican a aportillarlo de antemano? Así no llegaremos a ninguna parte.

Si está meridianamente claro que lo que anima al Presidente Kast y su gobierno es poner a Chile primero y para eso nombró un gabinete que ni siquiera es mayoritariamente de su partido, pienso que el deber de todos los chilenos que desean superar la emergencia en que nos ha dejado la ultraizquierda, es esperar al menos que se ponga en marcha antes de criticarlo.

Hasta el 11 de marzo, la responsabilidad de lo que pase en Chile es de los actuales gobernantes. A partir del 11 y una vez iniciado el próximo gobierno, todas las críticas, si son constructivas, bienvenidas sean. Pero, por el momento, lo que corresponde a la derecha al menos, es apoyar, esperar y no emitir desaprobaciones antes de tiempo, y si se estiman necesarias, hacerlas privadamente donde corresponda.

Más importante hoy es criticar las maniobras de la ultraizquierda, que se jugará por entera –como ya lo está demostrando– para que al próximo gobierno le vaya mal, porque lo que verdaderamente les importa no es Chile sino el poder y todos los privilegios de los que han usufructuado y continúan gozando hasta ahora. 

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por El Líbero el domingo 25 de enero de 2026.