Filosofía y vida cotidiana

Germán Gómez Veas | Sección: Arte y Cultura, Sociedad

A propósito de una nueva conmemoración que la UNESCO hace de la filosofía, vale la pena examinar algunas cualidades del pensamiento filosófico comenzando por su historia.

Aunque se tiende a creer que la filosofía parece en occidente en la Grecia de Sócrates, lo cierto es que surge antes, en Oriente medio (Jonia) y en la Italia meridional. Tales de Mileto, Anaximandro, Anaxímenes, Heráclito y Parménides están entre los primeros filósofos de los que se tiene registro, entendiendo que su actividad se reconoce primeramente como una cierta actitud racional para habérselas con la realidad natural. Luego en Grecia con Platón y Aristóteles la “sophia” adquiere una connotación más específica:Ellos profundizaron en el modo de ser propio de la filosofía y también ahondaron respecto del fin de esta distintiva actividad humana.

En la República Platón señala algunas características de quien se dedica a la filosofía: es aquél que ama el saber entero y no una sola forma o especie de saber; es aquél que ama al estudio y que ama el saber;  también es quien experimenta por el estudio deseo y placer sin jamás saciarse; y la cuarta característica es que el filósofo “ama el espectáculo de la verdad”. Asimismo, en boca de Sócrates explica que los filósofos se caracteriza por mirar el bien mismo (lo que no se trata de algo sensible). Para Aristóteles, en cambio, la filosofía adquiere la significación de ser la principal forma de saber. en el libro primero de la metafísica señala que “todos los hombres por naturaleza desean saber”; y, en este sentido, todo de alguna forma hacemos filosofía. Sin embargo, especifica que la sabiduría más elevada es la filosofía primera, que como ciencia se distingue por conocer las causas y los principios de todas las cosas.

Sin embargo, para apreciar la importancia de la filosofía no es suficiente realizar la historia. Es conveniente ver cómo se relaciona con lo cotidiano, pues es ahí donde se advierte de mejor manera su alto valor humano.

Desde esta perspectiva vale la pena tener presente dos trabajos filosóficos. Por una parte, Luc Ferry, en un ensayo con un tono familiar y atendiendo a la historia de la filosofía, plantea que “sin filosofía no se puede entender nada del mundo en que vivimos” (Aprender a vivir. Filosofía para mente jóvenes). Por ello reflexiona acerca de cómo las diversas corrientes filosóficas se presentan en el mundo actual.

Por otra parte, Rafael Alvira, con una perspectiva más antropológica y ética, sobre la base de analizar varias dimensiones de la vida cotidiana, reflexiona en Filosofía de la vida cotidiana sobre cómo la filosofía es decisiva para lograr una vida buena. Propone que los asuntos cotidianos no son un mero pasar el tiempo;  son aquellos en los que forjamos nuestra existencia y nos humanizamos. Así, el hogar, el trabajo, el arte de invitar, el juego, la actividad deportiva, la felicidad, el sufrimiento, entre otras, son realidades que se sostienen en algo que aprendemos de la filosofía: el diálogo. Especifica el filósofo español que “vivir humanamente, en plenitud, queda reservado a los que saben dialogar”.

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por La Discusión el 28 de noviembre de 2024.