El destino final de nuestra Constitución Política

Ricardo Muñoz M. | Sección: Política

Hoy, la Convención Constitucional se ha comportado de manera rebelde con la ciudadanía. Todo esto, debido al sesgo político de la expresidente Elisa Loncon y a la actual presidente María Elisa Quinteros. Literalmente, están intentando “crear” el corazón chileno, eliminando nuestros tan queridos símbolos patrios de raíz. Más de una vez, se ha planteado cambiar nuestro himno nacional y nuestra bandera, prohibiéndola en las sesiones por ser “discriminatoria”. En el himno ya hicieron una propuesta: cambiar la célebre frase “puro Chile es tu cielo azulado”, por “PluroChile es tu cielo azulado”. ¿Se imaginan hacerle semejante daño a la obra compuesta por el maestro Ramón Carnicer y escrita por Eusebio Lillo y Bernardo de Vera? Gracias a Dios, ellos no están presenciando esta tragicomedia.

¿Cómo es posible que un grupo de personas -la mayoría- inexpertas en Derecho Constitucional -incluso en Derecho puro y simple- estén redactando la Constitución a su antojo? Es como si nosotros fuéramos al médico porque nos duele el pecho, y llegase un arquitecto a atendernos, para que el diagnóstico suene mucho más “inclusivo”. El ser humano es un ser sociable por naturaleza (Zoon Politikon diría Aristóteles) porque depende completamente de los “saberes” de los demás. Sería imposible que cada individuo adquiriese todo el conocimiento del mundo… Más aún cuando hablamos de saberes especializados.

En la Convención Constitucional ha quedado representada esta locura del individualismo engreído que cree poder opinar de todo aunque no sepa nada, donde cientos de ideas buenas han terminado en el fondo de un océano ideológico, apartado de lo que somos los chilenos… ¡de lo que somos las personas!

Sin ir más lejos, la dichosa Convención ha rechazado el derecho preferente de los padres a elegir la educación de sus hijos en un sistema educacional variado (con 9 votos a favor, 23 en contra y 11 abstenciones), por lo que muchas familias no podrían escoger colegios en base a sus ideales morales/religiosos. 

¿Han escuchado sobre la iniciativa de Derechos Fundamentales más votada por la ciudadanía? Pues esa es la famosa #ConMiPlataNo, donde se establecía que las pensiones estarían incluidas en el Derecho de Propiedad. Pero adivinen qué ocurrió con esa gran iniciativa… fue rechazada en su totalidad. Al parecer, para la Convención, los ciudadanos chilenos no valemos nada, sólo fuimos sus marionetas para aumentar deliberadamente su poder político.

Volvamos un segundo a la idea de Chile como Estado Plurinacional; es cosa de haber leído la historia Constitucional chilena para saber que un Estado plurinacional -siendo muy parecido a un Estado Federal- es ridículo y absolutamente inviable. ¿Cuántos años duró la Constitución Federal chilena de 1826? Pues duró 2 años, debido a la inestabilidad política que sufrió el país. Parece que, si no rechazamos en el plebiscito de salida, la historia está por repetirse.

Otro punto importante por recalcar es que la Comisión de Derechos Fundamentales aprobó en general la norma titulada “Derecho a la libertad de emprender y desarrollar actividades económicas y Derecho de propiedad”, en la que el primer artículo aprobado -por 23 votos a favor y 10 en contra- dice: “La Constitución asegura a todas las personas el derecho de propiedad en todas sus especies y sobre toda clase de bienes. Los bienes incorporales solo estarán amparados por este derecho cuando lo determine expresamente la ley. Corresponderá a la ley determinar el modo de adquirir la propiedad, su contenido, sus límites y los deberes que emanan de ella; conforme a su función social y ecológica”. Y en el inciso segundo del mismo dice que “los títulos administrativos que habiliten la prestación de servicios de interés general o la explotación de bienes comunes no quedarán amparados por este derecho y se someterán al estatuto que defina la ley, la cual deberá cautelar el interés social y el equilibrio ecológico”. Pura ambigüedad.

Debido a todo lo mencionado, invito a cada lector a interiorizarse bien respecto de su decisión en el plebiscito de salida, ya que, las mayores propuestas de la ciudadanía han sido rechazadas. Sólo han sido aprobadas cosas que resultan convenientes para los convencionales, aprovechándose del poder otorgado. 

Cabe recordar que el Estado tiene una facultad, la cual es el Ius Puniendi -facultad del Estado para sancionar o penar a los ciudadanos-. Imagínense al gobierno actual, con el Ius Puniendi y, más encima, con la Constitución Política a su favor… Sería casi un suicidio para el pueblo chileno aprobar un experimento constitucional, donde el que -se supone- debiera ser el freno político más grande, es reinventado y promulgado en un contexto como el actual.