El dios verde, o la impostura del ecocatastrofismo

Jorge Soley | Sección: Sociedad

Se asocia hoy el término “panfleto” bien a un folleto comercial, bien a un escrito poco sólido, de palabras gruesas y exageradas. No siempre fue así. En el siglo XVIII, un panfleto era una obra breve, polémica y contundente, normalmente de naturaleza política o religiosa. Los había de todo tipo, pero algunos, aunque usaran un lenguaje impactante, eran certeros y bien fundados. Como el último libro (algo más de 70 páginas y un tono de encendida denuncia) de Giulio Meotti, Il dio verde. Ecolatria e ossessioni apocalittiche.

El ensayo es breve y directo, sin perderse en digresiones, pero jugoso y sólidamente construido. En ocasiones recuerda a un iceberg: es la punta de un exhaustivo análisis que recoge lo que el siempre bien informado Meotti ha ido acumulando en sus largas horas de estudio.

Hay datos, y no son pocos, que desmontan gran parte de los lugares comunes en cuestiones climáticas que repiten tantos, incluso dándoselas de expertos. El libro es magnífico cuando va recordando los distintos informes de la ONU y del IPCC, mostrando desde sus errores fácticos a sus previsiones fallidas (en 2007 se afirmaba, con gran seriedad, que la producción agrícola norteafricana se habría reducido a la mitad en 2020).

Meotti se pregunta por qué la legítima preocupación por la creación se ha convertido en el grotesco y catastrofista ecologismo que prevalece hoy en día. Su respuesta: intelectuales de izquierdas desacreditados por la realidad histórica han encontrado en el ecologismo el ariete para llevar a cumplimiento su viejo proyecto de destrucción de los pueblos y naciones cristianas. Gracias al discurso ecocatastrofista pueden, por ejemplo, freírte a impuestos o limitar tu libertad y encima tienes que estarles agradecidos, pues lo hacen por tu bien.

Pero claro, lo que más me ha interesado es algo que supera el mero debate científico: ¿hasta qué punto el ecologismo se ha convertido en una religión?

No habla Meotti del cuidado y aprecio de la creación (al estilo Scruton), sino del ecologismo dominante, el que promueven los gobiernos y explican a tus hijos en el cole, el de Greta Thunberg, Hollywood y demás charlatanes apocalípticos. Un culto que surge en un mundo en decadencia, para el que la historia no tiene sentido y que nos anuncia que el fin está cerca. Después del culto a la diosa Razón, el culto a la diosa Tierra.

Esta nueva religión, escribe Meotti, parte constitutiva de la cultura woke, “es sencillamente un puritanismo sin Dios”, un puritanismo que afirma que el pecado original (racial, de género, de clase…) es imposible de sanar y que encuentra en las nuevas hordas de imberbes, los jemeres verdes los llama el autor, la cruzada de los niños, a los puros que podrán curar a Occidente… destruyéndolo. Junto a estas exaltadas tropas, aparece un nuevo clero, que se expresa como Rajendra Pachauri, antiguo director de la agencia de la ONU para el clima: “La protección del planeta Tierra, la supervivencia de todas las especies y la sostenibilidad de nuestros ecosistemas es más que una misión, es mi religión”. Aparece también una nueva moral, utilitarista, que proclama que es moral todo aquello que contribuye al mantenimiento del equilibrio global (incluso si significa violar nuestras libertades o, aún peor, eliminar a algunos de esos peligrosos parásitos que responden al nombre de “ser humano”).

Este ecologismo es el siguiente peldaño en una escalera descendente. Meotti cita a Camus cuando escribía que “a los pueblos que desesperan del reino de los cielos, el marxismo ha prometido el reino del hombre”, y añade: “a los pueblos que desesperan del reino del hombre, el ecologismo promete el reino de la naturaleza”. Esta ideología de “urbanitas ateos” adquiere tintes de culto de sustitución: “tiene sus propios días santos (el Día de la Tierra), sus propios tabús alimentarios (veganismo y campañas para reducir el consumo de carne), sus propios templos (las universidades occidentales) y su propio proselitismo (los escépticos son tratados como herejes y pecadores)”.

Ya lo ven: un panfleto que no se anda por las ramas y que no deja indiferente. Puedo asegurar que tras su lectura no verá del mismo modo el enésimo sermoncito ecocatastrofista.

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por Infocatólica, el miércoles 19 de enero de 2022.